• Franklin Vega

En Bitácora estamos en el año del tiburón por un mar sano sin pesca ilegal ni incidental


Foto de un tiburón martillo tomada de la web de la Fundación Charles Darwin.


En varias ocasiones me han preguntado por qué escribir y documentar tanto sobre los tiburones, desde colegas bien informados hasta lectores ocasionales. La respuesta corta es que amo los tiburones. Un mar con tiburones (con poblaciones estables) es un mar sano.


En la universidad estudié eso que los biólogos llaman especie paraguas, una que al protegerla, garantiza la conservación y la salud del entorno. El tiburón es una de las especies más necesitadas de protección en los océanos. Como lo fue el gallo de la peña en Mindo o el oso panda en China (esta es otra paradoja y para otra nota)


No obstante, para mi la respuesta al porqué escribir como un aporte a conservar los tiburones inicia en el páramo donde el mar hace una escala; suena trillado y como letra de bolero, pero la vida depende del mar, la selva y de los páramos; estas interconexiones que suenan bonito, pero que en la práctica no se ven ni se viven con la suficiente fuerza en nuestras acciones diarias.

De la salud de los océanos depende la salud del planeta Tierra, que debería llamarse agua, habitamos en un mundo donde las tres cuartas partes son agua. Y el orbe no debería verse solamente como un sistema económico como dijo el señor Ministro del Ambiente en el programa Vera a su manera, sino como un complejo sistema en donde confluyen interrelaciones sociales, naturales y económicas; estas últimas para el caso de los escualos están marcando la pauta.


Una lectora por interno me pidió que haga mi propia Semana del tiburón #SharkWeek, le contesté que en Bitácora Ambiental estamos en el Año del Tiburón #SharkYear; y, que casi todas las notas están marcadas por las aletas. Unas aletas felices como los reportes de viajes kilométricos entre Galápagos y Panamá o Galápagos y Malpelo. Aletas tristes como los desembarques y exportaciones de aletas y cuerpos de tiburón. Ahora en la #SharkWeek que termina, les invitamos a seguir leyendo sobre estas frágiles criaturas marinas.

Las aletas en Bitácora Ambiental están presentes incluso en las notas de los páramos o en las de la Amazonía. Al cruzar las tierras altas o ver los ríos pienso que toda el agua volverá a las cumbres, pero pasará un tiempo en el mar y será vida para peces y mamíferos marinos. Mis hijos comparten la felicidad por las noticias de los tiburones, comentan y comparten la información. Con frecuencia criticamos de todos los puntos posibles la película Tiburón (Jaws), saben que el autor cambió de opinión y dio charlas para proteger a los tiburones, entre otros detalles.


Veo a Bitácora Ambiental comunicación independiente para la naturaleza y su gente, como una gota más que empuja a las otras gotas para seguir su camino y la única vía posible es la de la conservación, porque un mar sin tiburones será un desierto. Por esto, es urgente parar la masacre de tiburones, un negocio cruel y sangriento que beneficia a muy pocas personas y genera valores económicos mínimos. El promedio, de los últimos 10 años, de exportaciones de aletas de tiburón desde el Ecuador es de 10 toneladas anuales con un valor de dos millones de dólares.


Con dos millones de dólares anuales se justifica la matanza de más de 200.000 tiburones. En solo una hora en la playa de Tarqui conté cómo desembarcan 200 cuerpos de tiburones, allí se mezcla parte de la pesca incidental de los barcos atuneros, la pesca dirigida de los palangreros y las pocas capturas de los pescadores artesanales.


Seguiremos escribiendo de tiburones y tengo la esperanza que tendremos noticias positivas pronto.

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