• Franklin Vega

Crónica de una vergüenza nacional: tiburones y aleteo en la playa Tarqui, Manta

La pesca de tiburones se evidencia en la playa de Tarqui. De dos lanchas de pescadores se descargaron los escualos. El Ministro del Ambiente, Agua y Transición Ecológica, Gustavo Manrique, afirma que apoya la moratoria a la pesca incidental y la prohibición de comercializar aletas de tiburón.


En la playa de Tarqui, en Manta, se descargan cientos de cuerpos de tiburones todos los días. Foto: Franklin Vega



El sol se demora en salir, es el sábado 12 de junio del 2021. Son las 05:45 y en la playa de Tarqui, al norte de Manta aún no se pueden tomar fotografías sin flash. Los graznidos de las aves marinas se escuchan entre las conversaciones de los pescadores, estibadores y los compradores de pescado.


Una decena de camionetas y camiones con furgones esperan sobre la playa, en el límite de la marea alta. Junto a los vehículos, sobre la arena están tendidos rectángulos de plástico negro y grueso. Sobre estos se alinean decenas de peces: albacoras, dorados, picudos y pez espada; pero los cuerpos de tiburones, algunos sin cabeza, sobresalen por su tamaño y la cantidad.


Algunos atunes de más de 100 libras se exhiben en uno de los extremos de la playa. Pregunto a uno de los vendedores y la respuesta es que en el mercado local esta carne se vende a USD 2,5 la libra y si se exporta vale diez dólares, comenta uno de los comerciantes, quien pregona la calidad de las piezas.


De dos lanchas de pescadores, dos estibadores descargan tiburones. Hay suficiente luz y realizo las primeras fotografías. El numero de cuerpos de escualos apilados aumenta en dos lugares, separados unos 30 metros. Son dos grupos grandes, en el primero están 40; en el otro 38.


En la playa se venden atunes de diferentes tamaños y calidades. Foto: Franklin Vega


Uno a uno llegan los troncos de tiburones; al preguntar las especies, los nombre de amargo, mako y aguado se repiten en los dos lugares. Busco señales de especies protegidas como como el tiburón martillo, pero no es posible identificarles, están ya sin cabezas.


Me paro junto a un grupo de comerciantes; y, escucho como el dueño de uno de los cargamentos negocia con un comprador. Una vez cerrado el trato, no alcanzo a escuchar el monto, empieza el corte de las aletas. Con la ayuda de un machete, las aletas dorsales, pectorales y caudales se separan de los cuerpos y se apilan en uno de los extremos.


En una hora se descargan 200 tiburones en la playa de Tarqui, en Manta. Foto: Franklin Vega


Al acercarme a las dos pangas, la escena es mas cruda. En toda la parte interior están los cuerpos de tiburones apilados. La mayoría sin cabeza, pero con sus aletas. Las embarcaciones traen los tiburones de barcos que usan palangre o “long line”. “Nosotros no pescamos tiburones, si cae uno o dos en la línea de pesca, es mucho. Son los barcos grandes, que salen mar adentro, allá se pesca tiburón”, replica uno de los pocos pescadores artesanales presentes y luego añade que “no hay pesca como antes”.


Son las 06:15 y la luz mejora para las fotografías, al girar a los costados, lo que se observo son más cuerpos de tiburones en la playa. En el otro punto de acopio de tiburones, la escena se repite. En cada vuelta de los estibadores aumenta el número de escualos, para las 06:45 son ya 120 cuerpos apilados en la arena. Al fijar la atención en los poderosos depredadores del mar, la única palabra posible es masacre. Por la cantidad de tiburones que salen de las pangas, la pesca parece dirigida a esta especie.


El corte en la nariz del tiburón sirve para conocer en qué barco palangrero fue pescado. La otra marca es una cinta de color anudada en la cola. Foto: Franklin Vega


Observo que algunos tienen el morro, la parte delantera o punta, con un corte perpendicular a la mandíbula. El encargado de cortar las aletas explica que los tajos son las marcas de los barcos palangreros que los pescaron. La otra forma de diferenciarlos consiste en volar toda la punta del tiburón. “Esto se hace por que las cintas de colores que les anudan en la cola, a veces se caen”.


Conforme los cuerpos quedan sin aletas, empieza la distribución a los camiones refrigerados. “Estos toyos (tiburones) van para la sierra, allí se los comen”, comenta uno de los estibadores, mientras carga tres cuerpos de tiburón amargo en una carretilla. El dueño de un restaurante de Manta los compró sin las aletas.


El juego de las aletas cuesta 40 o 60 dólares, la carne se vende a dos dólares la libra. Son ya las 06:45 y no se encuentra a ningún inspector pesquero y los cuerpos de tiburones suman ya 184. En Ecuador se pescan más de 200.000 tiburones cada año y es el tercer exportador mundial de aletas de tiburón.


Las aletas de tiburón se apilan en el cajón de una camioneta y se llevan a secar en una instalación ubicada fuera de la ciudad de Manta. Foto: Franklin Vega


Pienso en las declaraciones de las autoridades y los industriales pesqueros. “No pescamos tiburones”, decía Bruno Leone, presidente de la cámara de Nacional de Pesquería en abril pasado. "No conozco esa parte de Manta, dónde dice que se desembarcan tiburones. De lo que he visto, son pocos los tiburones que desembarcan. En la Sierra es muy apetecida la carne de tiburón, nosotros en la Costa como estamos más cerca del mar preferimos otros peces, el tiburón se aprovecha y se vende en todo el Ecuador". Leone también reconoció que empresas de la Cámara Nacional de Pesquería exportan tiburones enteros a España y Portugal.


¿Cómo parar esta masacre, qué hacer? Dos días antes, el jueves, en una entrevista con el ministro del Ambiente, Agua y Transición Ecológica, Gustavo Manrique le pregunté por los permisos de exportación de tiburones que dos empresas solicitan en su ministerio. Ofreció investigar y responder pronto. Entonces le consulté si apoyaría la moratoria de pesca incidental, que está pendiente de tramitarse en la Asamblea, su respuesta fue sí (ver recuadro al final).


Es cerca de las 07:00. Mis preguntas y fotos llaman la atención de uno de los comerciantes de aletas y me prohíbe tomar fotos de cómo cargan una camioneta solo con las aletas. Me doy una vuelta más. Pregunto por un dorado pequeño y saludo con uno de los pescadores con quien conversé unos minutos antes. Reviso mis fotos y vuelvo a estremecerme por la cantidad de tiburones en la playa que están inertes.


Es hora de volver y escribir como en solo una hora, 200 tiburones yacen muertos y a cada uno se los despoja de las aletas. “Si viene entre semana, encuentra más toyos”, me dice uno de los pescadores.


Manrique está a favor de la moratoria de la pesca incidental y de prohibir el comercio de aletas


Estoy dispuesto a apoyar una moratoria de la pesca incidental. Estoy a favor de todo lo que sea conservación, estoy a favor de todo lo que sea desarrollo sostenible.


La pesca de tiburón atenta contra la biodiversidad, entiendo que hay especies en peligro. Pero además, el arte que ocupan y cómo lo hacen es sanguinario. Cortarle las aletas y devolver el cuerpo al agua, no se me ocurre algo más cruel. En este gobierno de la transición ecológica seremos implacables con el control.


El prohibir la pesca incidental, de tiburones, es un tema que no depende de uno sino de muchas instituciones y estamos trabajando en eso. Un ejemplo: un tiburón vivo vale 1’600.000 dólares, uno muerto 200. El tiburón vive entre 20 y 30 años; si promovemos un turismo ecológico como observación submarina o visitas con embarcaciones, el grupo de turistas que llega deja dinero en la estadía, en la comida, en operadores y regresan miles de personas a ver estos tiburones. Creo que es por allí, hay que explicarle al sector pesquero que pudiera haber una transición, una transformación a un desarrollo sostenible por que además no se agota el recurso.


El caso de Hong Kong es el caso emblemático de contrabando de aletas de tiburón, se identificó al responsable y el proceso continúa y no tengo injerencia en la Función Judicial, pero me preocupa mucho este tema y estaremos vigilantes al igual que Ud y los medios de comunicación.

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