• Franklin Vega

La mujer en bici aún no llega

Actualizado: mar 11

Elena Mejía, investigadora y ciclista urbana analiza las opciones para las mujeres y la bicicleta en Quito.




A propósito del Día Internacional de la Mujer, Elena Mejía cuenta su experiencia sobre la bicicleta en la Capital del Ecuador.

“No importaba las razones feministas de apropiación de la ciudad, ni el ejemplo de valentía de los colectivos de mujeres bicicleteras, ni tampoco mis años estudiantiles sobre una bici. La verdad es que sentía: miedo.”

¡Me aterra ir en bici! Me contestaron cinco mujeres al hacer esta nota por el 8 de marzo. Los conductores alocados, la falta de estacionamientos y la poca seguridad fueron el denominador común. Me veo reflejada, no hace poco yo era una de ellas. No importaba las razones feministas de apropiación de la ciudad, ni el ejemplo de valentía de los colectivos de mujeres bicicleteras, ni tampoco mis años estudiantiles sobre una bici. La verdad es que sentía: miedo. Como ellas, yo me limitaba a salir solo los domingos al ciclopaseo, o ir en auto cargando la bici a un parque… Hasta que llegó la pandemia. ¿Qué pensaría de mí Simone Beauvoir? quien viajaba en bici sola por Europa.


El COVID-19 me confrontó con otro miedo más grande: las aglomeraciones. De ahí en adelante solo fue escoger entre el contagio al subirme a un bus o taxi o usar la bici. Me equipé. Luces delanteras y traseras para que me vean otros autos. Parrilla y canasta para poder cargar el mercado, los perros, la maleta, etc. Casco por si acaso un atropello. Campanita para que me escuchen. Y una firme convicción que no me robarían. Inicié por la ciclovía, aunque desde mi casa tuve que trazar un circuito para llegar de la Kennedy al Labrado (3 Km). Escogí las horas donde podía moverme de día, siempre de día. Aun así, confieso muchas veces terminé pidiendo a mi pareja que me acompañara. Al tacho décadas de empoderamiento personal femenino sobre dos ruedas pensaba y sonreía feliz mientras él pedaleaba mi lado.


Ahora un año después del inicio de la pandemia, reviso en mi cabeza las imágenes mensuales sobre mi bicicleta enfrentando mis temores urbanos, marzo 2019 que no me caiga, abril 2019 que no me atropellen…marzo 2020 que no me roben. Qué progreso -pienso- y respiro medio aliviada. A pesar de que he aprendido las rutas y semáforos; que creo que ya soy parte de esa forma urbana de ir en bici; que me he enfrentado a dos que tres conductores y ciclistas que no comparten el espacio, mi conclusión no alentadora, es que la mujer y la bici están en más riesgo de desaparecer que antes del COVID. No quiero desalentar ni causar un revuelo entre todas aquellas mujeres que circulan en las vías en bicicleta, pero la verdad es que no somos la mayoría y cada vez al parecer somos menos.


Imposibilitada de dar con las soluciones. Siento que el esquema de la libertad femenina asociada a la bicicleta que tanto he apuñado se diluye en un esquema de ciudad organizada y jerarquizada por el lado masculino. ¿Por qué debería ser diferente con la bicicleta?, me planteó. Mientras sale mi cinismo vespertino refunfuño que nada mejorará en esta ciudad, incluso ¡lo reafirmo de manera dramática! Y mientras desfallezco a la cruel realidad, muy dentro de mí surge la voz de aquella mujer que ama a su bicicleta. A la final, de eso se trata el 8 de marzo de la lucha y de romper con los miedos que nos impiden salir de nuestras casas y tomar lo público. Aún no es para todas y es un proceso, pero vale la pena. Salgan, ahora.

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