• Franklin Vega

Pedro Peñafiel 45 años al cuidado del bosque de Mindo: ganar dinero no es el fin de la conservación

Actualizado: 22 dic 2021

En 1982 de un grupo de carpinteros se originó el pedido para la declaratoria del bosque protector Mindo-Nambillo con el apoyo de la comunidad y de la Cooperación Alemana en el aquel entonces GTZ durante el gobierno de León Febres Cordero.


Pedro Peñafiel, uno de esos carpinteros, fundó la agrupación Amigos de la Naturaleza de Mindo, conocida por defender el bosque y realizar educación ambiental.


Él y su esposa Heike Brieschke plantearon un juicio en el 2002 por daños ambientales a la empresa Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) por la construcción del oleoducto del mismo nombre. Este juicio de Peñafiel y Brieschke duró 11 años y se resolvió en un acuerdo para la regeneración y restauración del bosque. Ahora trabajan en reforestación con especies nativas.


Pedro Peñafiel Foto: Franklin Vega

¿Cuándo llegó a Mindo y cómo se involucró en la protección del bosque?

Llegué a Mindo hace 45 años y me enamoré desde el primer día del precioso bosque. Vine de Esmeraldas, aunque yo nací en una zona de Chimborazo muy parecida a Mindo llamada Pallatanga (en la vía Riobamba-Guayaquil). Una zona muy deforestada con problemas de piromanía, con gente que mete fuego a todo lo que puede prenderse. Eso me golpeó mucho. En ese tiempo, como niño no podía influenciar en la gente. Me fui a la provincia del Guayas, pero no me gustó. Luego me fui a Esmeraldas donde encontré un mejor espacio. Ahí, comencé a hacer más conciencia ambiental.


¿Qué edad tenía, cómo empezó eso de la conciencia ambiental?

Tenía entre 15 y 20 años. Empecé a luchar contra el uso del barbasco y la dinamita en la pesca. No me gustaba. Empecé a confrontarme con la gente y me vieron como rebelde. Sin embargo, ya sentí que comenzaba algo a funcionar; sin embargo, me sentía solo allí. Por coincidencia encontré un trabajo en Quito en una industria maderera. Luego de tres semanas averigüé de dónde llegaba la madera, así supe de Mindo, de la montaña (el bosque). Pedí que me llevaran para ayudar a traer madera y así fue como llegue un 21 de marzo del 77 a Mindo.


¿Cuál era su trabajo en la maderera?

La empresa construía cajas para diferentes usos: rústicas, tableros… cosas así. Conocí Mindo y era un sueño para mí, luego se convirtió en un ideal. Me dije tengo que hacer algo aquí para salvar esos bosques y comencé el trabajo de la nada, inventándome cosas. Pero la gente estaba muy dedicada a la extracción de la madera de cedro y tangaré, había muchos aserradores y comenzaba el impulso para la ganadería. Eran más aserradores y cazadores quienes vivían en Mindo.


¿Cómo organizó las primeras acciones?

Estuve consciente que tenía que luchar frente a tres corrientes: cazadores, aserradores y ganaderos. Yo estaba solito. Entonces comencé a generar opinión en la gente aquí, claro todos me daban la espalda; eran amables, pero me daban la espalda. Me pase a vivir en Mindo, el dueño de la maderera donde trabajaba tenía una propiedad grande de 200 o 300 hectáreas y más otro terreno que se compró de como 1.000 hectáreas que eran bosques. De allí explotaba la madera y también sacaba de Los Bancos por el lado del Chipal, su nombre era Mauro Torres.


¿Cómo fue el proceso de un maderero se convierta en protector del bosque?

De lunes a viernes trabajaba para el señor Torres reparando cercas para unas pocas vacas que había y plantando arbolitos porque me nacía hacer eso. Los fines de semana hacía prospección, en lo que ahora es el bosque Protector Mindo Nambillo, explorando y buscando rutas dentro del bosque. Fue entre los años 1977 y 1982.


¿Con la misma lana se cura el perro?

A veces digo: bien que pasan a veces las cosas así. Porque de otra manera no habría llegado a Mindo. Se le ve al maderero como el cuco de la naturaleza, pero por otro lado también fue el puente para que llegue a Mindo, me establezca, experimente en su propiedad y logre poco a poco cambiar la opinión de la gente y del mismo señor Torres. Logre transformar la opinión de él a favor de la conservación y de eso obviamente me siento feliz. Igual pasó con un vecino Pallares, Miguel Falero y otros dos. Ellos nos dieron el aval para la creación del Bosque Protector Mindo-Nambillo, involucrando sus propiedades dentro de la declaratoria.


¿Los trámites formales cuando empezaron?

Torres, luego de ver el trabajo y conocer el bosque me dijo: "bueno, no sé en qué vamos a parar, pero me parece interesante que incluya todas las laderas para ese bosque que tu dices". También tenía que gestionar en Quito, eso era duro, porque yo debía llegar a la Dirección Nacional Forestal. En ese entonces no había nada ni Inefan (Instituto Ecuatoriano Forestal y de Áreas Naturales y de Vida Silvestre) ni Ministerio del Ambiente. La Dirección Nacional Forestal estaba en el Ministerio de Agricultura, el Director era el señor Mario Pescarolo, que era otro maderero. Eran personas de confianza del Presidente Febres Cordero en ese entonces y no era fácil llegar a esas oficinas, no tenía forma de conseguir una cita.


¿Y las ONG ambientales, no le ayudaron?

Fui primero a Fundación Natura, que fue la primera organización ambientalista del Ecuador desde 1978. Pensé ellos son el baluarte y el apoyo que puede haber. Pero al llegar, una señora de apellido Cobos desde la parte alta de las gradas y yo a mitad de camino, porque ni siquiera me dejó subir me trató mal.


-¿Qué es lo que necesita?.

-Ayuda para proteger el bosque allá en Mindo.

-Pero ¿qué quiere?

-Que se proteja los bosques

-Ah, ah… ustedes los campesinos se les viene una idea por el codo y quieren que uno aquí les atienda, para eso hay que hacer estudios de prospección y factibilidad.

-¿Entendió?


Me sentí humillado. La verdad, no entendí porque fueron palabras técnicas, desconocidas. Entonces terminó diciendo, "no se le puede ayudar". Tuve que salir de allí a la calle sin saber qué hacer. Fue en las oficinas de Fundación Natura, por la Avenida América cerca del Canal 4, en Quito.


¿Y entonces quién le ayudó para formalizar la protección?

Cuando salí de esa ONG, me acordé de Juan Manuel Carrión, quien ahora es concejal de Quito. Le conocí al señor Carrión por que me ayudó cuando las religiosas de Mindo me demandaron por denunciar las invasiones que hacían sus empleados en el bosque. Lo llamé de inmediato y quedamos en vernos en el estacionamiento del Ministerio de Agricultura. Llegó con Galo Veintimilla, de Acción Ecológica, conversamos los tres y acordamos preparar un plan. Luego me pusieron en contacto con Ana María Varea, quien era parte de Tierra Viva una ONG que se formó con una disidencia de Fundación Natura. Además, se unieron Wladimir Serrano, quien fue ministro de Oswaldo Hurtado. Ellos lograron una cita con el Director Nacional Forestal, Mario Pescarolo. Ellos tenían los medios y el lenguaje para llegar al Director, yo no.

Valle de Mindo. Foto: Cortesía Pedro Peñafiel.


¿Cuándo se suma el apoyo internacional a Mindo?

Wladimir Serrano tenía una ONG apoyada por la Fundación Konrad Adenauer Stiftung (KAS). Sin embargo, el apoyo de la Cooperación Alemana (GTZ, hoy GIZ) llegó por casualidad. El día de la reunión con el Director Nacional Forestal, yo vi a una persona con aspecto de extranjero caminando por los pasillos del Ministerio. Me acerqué y le pregunté cual era su trabajo en el Ministerio de Agricultura y me dijo que era el Director de la GTZ y me explicó en qué trabajaba en Ecuador; le conté de la idea del bosque protector y me ofreció ayudar, el se llamaba Frank Krüger.


¿Qué pasó en la reunión con el Director Nacional Forestal?

En la cita solo hablaron los ambientalistas, a mi no me preguntó nada ni yo tenía nada que comentar. Pescarolo recomendó que se presente la propuesta desde el pueblo como un pedido de la comunidad. Dijo: "no importa si es el pueblo más pequeño que viene del bosque". En ese momento, al final, se dirigió a mi "escriban una carta y que firmen los representantes de cada familia y que se haga llegar a la Presidencia de la República". Regresé al pueblo y les conté.


¿Cómo recibieron en Mindo el pedido de la carta, fue fácil el apoyo?

Logramos que 49 familias de 75 firmen la solicitud que pedía se protejan los Bosques de Mindo y la Cordillera de Nambillo. Así fue el texto que se puso y por eso el nombre Bosque Protector Montañas de Mindo y Cordillera de Nambillo. Esta carta la dejamos con otras personas en la Presidencia de la República, donde recibían las comunicaciones; dudábamos si la leerían, decíamos no pasara nada. Hay que esperar unas semanas.


Para nuestra sorpresa, una semana más tarde llegó un funcionario a Mindo, un ingeniero Julio Rosero enviado por el Director Nacional Forestal, a preguntar si ya hemos presentado la carta. Le dijimos que sí. No nos quedamos con copia del escrito, con el recibido de la Presidencia, en ese tiempo no teníamos ni idea, después aparecieron las llamadas Xerox copias, en ese tiempo no había nada de eso.


¿Entonces el trámite ya había empezado formalmente?

El ingeniero Rosero hizo un seguimiento del pedido. Luego, en una reunión otro funcionario nos indicó que el ingeniero León Febres Cordero había dispuesto que nuestro pedido sea agilitado y ejecutado en menos de un año, que ese sea el primer pedido que el Gobierno atienda para proteger los bosques.


Conversé con Frank Krüger y me dijo que tenga paciencia, que en Alemania el proceso para declarar un bosque protector demora entre tres a cinco años. Me dije, en tres años se comen todo el bosque; sin embargo, salió rapidísimo.


Luego de la orden del Presidente Febres Cordero, todo fue armar el Acuerdo Ministerial con los contenidos, la delimitación. No entiendo como fue tan eficaz el trabajo que hicieron; hasta ahora aún me asombro de lo rápido que se hizo. Cuando terminaron los documentos, la declaratoria oficial fue el 12 de abril del 1988, fue a Mindo un ingeniero Vallejo, hizo una exposición al pueblo y dijo: "ahora el Bosque Protector queda en manos de la comunidad, ustedes tienen que cuidar, sabrán cómo lo protegen. He escuchado que aquí hay un plan de educación ambiental; no sé de qué va eso, pero sé que ustedes sí" Nunca se asignó presupuesto y financiamiento.


¿Cómo lograron desarrollar los programas de protección y el de educación ambiental?

En unos meses, el Presidente de la Junta Parroquial de Mindo empezó a ayudar y con su apoyo logramos desarrollar varios proyectos. También José Guerrero, dueño de los Productos Lácteos Guerrero, nos ha ayudado de forma increíble, él y su familia fueron un puntal muy fuerte para consolidar el programa de educación ambiental. Nos asesoró un profesor de Costa Rica, Rolando Mendoza, que vino para ayudar dos años en la Universidad Católica y fue a Mindo.


Empezamos a trabajar con los niños y las niñas porque tienen potencial para expresar la autenticidad y para cambiar la corriente de las cosas. Luego seguimos con el trabajo y en cinco años, en 1990, apareció Tierra Viva otra vez con un proyecto con la WWF. Fue un proyecto paraguas que vino desde la oficina en Quito, con muchos y elevados gastos administrativos, pero que brindó algún apoyo a la comunidad.


¿Con la declaratoria del bosque protector, se consolidó Amigos de la Naturaleza de Mindo? Ese grupo marcó las directrices del turismo en Mindo en los años 90.

Amigos de la Naturaleza de Mindo nace en 1986 de un grupo de personas que éramos carpinteros, logró la personería jurídica en 1989. No teníamos mucha idea de los trámites, para nosotros era más importante empezar actuar y después resolver los temas legales. Nuestra prioridad fue proteger el bosque, no hacer trámites burocráticos que son horribles, que desgastan y asfixian.


Amigos de la Naturaleza se formó gracias al apoyo del Servicio Alemán -conocido con las siglas DED en alemán- que nos apoyaron a los carpinteros para formarnos técnicamente en carpintería y de ahí surge Amigos de la Naturaleza que funcionó eficazmente por 15 años.


El Servicio Alemán, WWF y ONGs de Canadá también aportaron con recursos económicos y asistencia técnica. Llegamos a tener un financiamiento anual de 10.000 dólares para trabajos de conservación, vigilancia del Bosque Protector y educación ambiental. Con ese dinero hacíamos giras con los niños, en bus llevábamos cinco niños a la vez. Había un grupo de 25 niños del club La Verde Esperanza, ellos eran casi completamente autónomos, ellos sabían cómo elegían a su directiva y qué plan de trabajo ejecutaban. Solo nos consultaban al final para preguntar si se podía hacer más.


¿La comunidad también aportaba con dinero?

Los carpinteros aportábamos un porcentaje de los trabajos que realizábamos. Ese dinero iba a la caja para tener más recursos para ayudarnos. El mayor aporte era el trabajo y los patrullajes los fines de semana. De vez en cuando se entregaba una ración de alimentos a los guardabosques. Yo también fui un guardabosque Ad-honorem.


También llegaron apoyos inesperados, el ingeniero Julio Rosero se enamoró asimismo del proyecto y venía a visitarnos y averiguar si hay algún problema, si alguien está talando, si alguien quiere meterse en el bosque para actuar. Él era un hombre muy enérgico, muy terminante, él no se dejaba torcer el brazo. Entonces ahí comenzamos a tener un apoyo del lado oficial con la asistencia de la Dirección Provincial Forestal.


Un punto de quiebre fue el Plan de Manejo del Bosque Protector, ¿Lo ejecutaron?

Amigos de la Naturaleza se consolida y llegamos a 1994, cuando se arma el Plan de Manejo con la ayuda de la Universidad San Francisco de Quito, con el Servicio Alemán, la GTZ y estudiantes de la Católica. Ellos ayudaban personalmente.


Recuerdo a Rossana Manosalvas, Xiomara Izurieta, Juan Pablo Gómez. En ese tiempo aparecieron otros técnicos y decidieron que no se podía trabajar solo con 10.000 dólares anuales. Y armaron un proyecto con WWF y otras ONG en base a una iniciativa que nosotros en Mindo ya habíamos presentado antes de solo 25.000 dólares anuales. Pero ese proyecto llegó a manejar cerca de 80.000 y luego hasta 200.000 dólares.


En este lapso, algunos de los fundadores de amigos de la Naturaleza, nos retiramos. No sé qué pasó con el proyecto, pero los resultados no fueron los deseados. El proyecto se fue abajo.


Para el año 2000 empezó la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados. Es decir, el dinero del pueblo alemán ayudó a conservar el bosque de Mindo, pero también financió esa mega obra.

El OCP comienza en el año 2.000, en abril, con las trochas. Fue Paul Greenfield quien nos advirtió que están haciendo trochas en el filo de la cordillera. Fuimos hasta el lugar de los trabajos. Cambiaban las cuadrillas cada semana para que no pudiéramos establecer ningún canal de comunicación. Entonces empezó la pelea nacional.


¿Con la presión internacional se logró hacer la variante de la ruta?

No se hizo realmente la variante, lo que se logró fue subir el cumplimiento de los estándares de calidad y cuidado ambiental del 35% al 80%. Ese fue el mayor dolor para Techint, que era la constructora. Tuvieron que contratar a un equipo de Austria para que instalen toda la infraestructura móvil para los teleféricos y transportar los tubos del oleoducto.


Al inicio Techint tenía el plan de subir los tractores arriba a la arista del cerro y cortar las cuchillas para que se queden de por lo menos siete metros de ancho en la base. Eso significaba remover el material que en la cumbre era de un metro de ancho. Pero había que cavar en suelo firme porque hay una franja que es movible, en total se hubiera tenido que mover tierra para tener 10 metros de ancho en la base. Con eso se acababa la loma y el río de Mindo. Eso habría sido un verdadero desastre por los deslaves.


La pelea fue dura. El presidente Gustavo Noboa salió con su recordado “Va porque va”. ¿Consiguieron cambiar el plan original?

Al inicio OCP y Techint estaban totalmente cerrados. Tenían el apoyo abierto del gobierno. Con todas las movilizaciones y viajes de prensa se logró que mejoren la calidad con la intervención de un consultor o funcionario del Banco Mundial de Canadá. No recuerdo su nombre, pero llegó hasta Mindo y lo llevamos hasta la arista, entonces reportó al West LB BentsBank en Alemania y a OCP y luego de eso cambiaron el proyecto.


En medio de la construcción se entabló un juicio por daños ambientales. ¿Qué demandaban de la OCP?

El conflicto judicial duró 11 años, entre el 2002 y 2013. Lo enfrentamos mi esposa y yo. La comunidad no asumió, se retiraron. Demandamos a OCP por daños ambientales, nosotros mismos financiamos el proceso los años que duró el juicio.


La ventaja fue que no nos dejamos chantajear del abogado que contrataron otros miembros demandantes, que después querían plantear un juicio a OCP por dinero. Pedíamos la reparación del bosque; por ejemplo, que se planten árboles de podocarpus, de pumamaqui, de arrayan. Teníamos el inventario del bosque y exigíamos que se respete exactamente el trazado del ducto. Más otras áreas que tenían que volver a ser repobladas y ser reintegradas y reconvertidas como estaban; es decir la regeneración, eso demandábamos nosotros.


No pedíamos dinero, por eso, fuimos un dolor de cabeza, una piedra en el zapato para ellos.


¿Cómo terminó ese juicio?

Con un acuerdo extrajudicial en el 2013. En la presidencia de Rafael Correa el juicio estaba en la Corte Nacional y un día de improviso enviaron un comunicado a OCP y a nosotros diciendo que al día siguiente se debían presentar todas las pruebas porque iban a dictar sentencia. Algo que era imposible de cumplir de las dos partes.


Ante la premura, hablamos con los abogados de OCP y constatamos que el Gobierno intentaba utilizar nuestra lucha para presionar a OCP. El Gobierno de Rafael Correa ya había perdido un juicio con el SRI en contra de OCP. Entonces, decidimos aceptar el acuerdo extrajudicial.


La OCP nos pidió a nosotros hacer un balance en base a una inspección y poner las exigencias que queremos para hacer reparaciones ambientales. Hicimos las inspecciones y las observaciones; y, la empresa sigue trabajando y replantando, hasta el día de hoy, cuando hay ciertos deslaves.


¿OCP cumple el acuerdo? ¿Cómo terminó ese juicio?

La relación con OCP es ni cerca que se quema ni lejos que se enfría porque si hay un problema por acá, nosotros lo reportamos y tiene que arreglarse. Es un compromiso de caballeros, hasta ahora han sido respetuosos, atienden enseguida cuando hay alguna novedad como la claridad del derecho de vía, por ejemplo, ellos vienen y resuelven. La gente de Mindo y Los Bancos acuden a nosotros para reportar las novedades y vamos y las constatamos y si es necesario llamamos a la empresa.


¿Qué ha aprendido al trabajar en la conservación del bosque por 45 años?

En conservación casi siempre nos equivocamos. No es que seamos malintencionados; porque pensamos que algo funciona de una manera en el bosque y como faltan estudios, el empirismo asegura otra cosa sin base científica y a su vez lo científico no tiene conexión de comunicación con el común de la sociedad. Eso es lo que hemos analizado.


La ciencia está muy lejos del conocimiento empírico, no hay una conexión, no hay un puente y es lo que ahora buscamos. En nuestra pequeña finca, Mindo Lindo, mostramos lo que hacemos, cómo trabajamos con diferentes especies de plantas que hemos ido aprendiendo.


La familia de Pedro Peñafiel: Heike Brieschke, su esposa y sus dos hijas. Foto: Cortesía


Cuando hay una lucha ambiental, hay que evitar ser torpes, hay que ser estratégicos sin que surja violencia cerrada (gente que se ponga a pelear por pelear) y no debe haber confrontación sino más bien capacidades de interpretar las opiniones y hacer acuerdos de cooperación ambiental.

¿A qué se dedica ahora, en qué proyecto está trabajando?

Trabajo con la Cooperación Alemana Cooperación Alemana (KEK de Karlsruhe- Alemania) en cultivos forestales a moderada escala, en el rescate de bosque de especies nativas en peligro como por ejemplo cascarillo, guayacán, cedro, tangaré... Vamos a completar 50.000 árboles plantados, pero la diferencia es que damos asistencia de cinco años permanentemente, cada dos meses con mantenimiento, tal como si estuviésemos cultivando cacao.


Mindo Lindo, nuestra finca, está ahí como una muestra de todo lo que hemos hecho porque a mi me gusta que se vean los hechos, yo puedo hablar maravillas, pero es en los hechos se comprueba si es cierto lo que se dice.



Río Blanco Foto: Franklin Vega

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