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Las guanas traficadas de Galápagos llegaron deshidratadas a Quito y El Niño amenaza su alimento

Foto del escritor: Franklin Vega
Franklin Vega
4 sept
6 min de lectura

Las 32 iguanas incautadas en el aeropuerto fueron encontradas débiles y deshidratadas. Su recuperación requiere seguimiento individual. En las islas, la extracción de estos reptiles se suma al riesgo de escasez de algas por El Niño, mientras los investigadores advierten descensos poblacionales en San Cristóbal y trabajan para completar un censo del archipiélago.


Información contrastada al 4 de septiembre de 2026.


Las 32 iguanas marinas de Galápagos incautadas en el aeropuerto de Quito fueron encontradas débiles y deshidratadas. El Ministerio de Ambiente y Energía informó el 29 de agosto que habían sido evaluadas por veterinarios y trasladadas a un centro de conservación autorizado en Pichincha para estabilizarlas. Falta conocer cómo evoluciona cada una: en las fuentes consultadas no consta un parte clínico posterior que permita establecer si los 32 animales están fuera de peligro.


Eliana Molineros, investigadora del Proyecto Sacha, indica que las iguanas tienen señales deben llamar la atención. En uno de los ejemplares fotografiados se identifica un ojo semicerrado, tejidos hundidos alrededor del ojo, pliegues marcados en el cuello y una aparente pérdida de masa muscular. También señala un párpado inferior prominente, contornos óseos más visibles y escamas secas u opacas.


Varios de esos signos son compatibles con deshidratación y pérdida de condición corporal. Molineros precisa que su análisis se basa en una fotografía y requiere una evaluación clínica completa. Esa distinción importa: la imagen permite advertir un deterioro, pero no establecer su causa, medir su gravedad ni extender los hallazgos a las 32 iguanas.


Un herpetólogo de Galápagos, quien prefiere no ser citado, advierte otro factor de riesgo: son animales muy jóvenes. A partir de las fotografías estima que tendrían entre tres y seis meses y que podrían corresponder a los nacidos en esta temporada. Explica que la deshidratación podría matarlos durante un traslado prolongado -como en barco desde Galápagos a Guayaquil y luego a Quito- si no reciben cuidados adecuados. Se trata de una estimación visual de edad y de una advertencia sobre el transporte, sin un examen presencial de los ejemplares.


Conocer su estado exige registrar la evolución de cada animal. El anuncio de atención veterinaria deja preguntas concretas para Ambiente y el centro que las mantiene: ¿cuántas han recuperado peso y alimentación?, ¿qué alteraciones persisten?, ¿qué condiciones deben cumplir antes de considerar su retorno?


En el decomiso de mayo murieron seis de las doce iguanas

La experiencia de Guayaquil muestra cuánto puede cambiar el balance después de un decomiso. De las 12 iguanas incautadas el 19 de mayo, dos murieron antes del retorno a Galápagos. El Parque Nacional Galápagos informó que las diez restantes llegaron al archipiélago el 31 de mayo para ingresar a cuarentena y continuar las evaluaciones.


Pero la historia continuó. Bitácora Ambiental documentó que otras cuatro murieron entre junio y julio. El balance publicado antes de la audiencia de seguimiento del 27 de agosto era de seis muertas y seis sobrevivientes cuyo destino seguía sin resolverse. La mitad del grupo había muerto después de la incautación.


Ese antecedente obliga a seguir el caso de Quito más allá de las fotografías del operativo. El retorno al archipiélago requiere decisiones sanitarias y la liberación exige evaluar tanto a los animales recuperados como los riesgos para las poblaciones silvestres. El seguimiento debe permitir conocer cuántos sobreviven y en qué condiciones. Extraoficialmente se conoce que el parque solicitó que las 32 iguanas regresen a las islas.


San Cristóbal pierde iguanas aunque en Fernandina sigan siendo numerosas

Las iguanas marinas, Amblyrhynchus cristatus, solo existen de forma natural en Galápagos. Su abundancia cambia entre islas y colonias, y esa diferencia resulta decisiva para evaluar el daño de una extracción.


Andrea Varela, investigadora vinculada a Iguanas from Above, explicó en una entrevista publicada por Galapagos Conservation Trust el 27 de agosto de 2026 que Fernandina conserva poblaciones numerosas, mientras los datos recientes confirman descensos significativos en San Cristóbal. La entrevista no detalla cuánto disminuyeron ni en qué período. La advertencia identifica una situación que necesita seguimiento y cifras comparables.


La especie está clasificada como Vulnerable por la UICN, según recuerda Varela. Al examinar sus subespecies, el riesgo puede ser mayor: el estudio publicado en Frontiers in Zoology en 2023 recogía seis clasificadas En Peligro y cuatro En Peligro Crítico, de acuerdo con las evaluaciones disponibles para sus autores.


Las diferencias también están en los genes. El estudio de Amy MacLeod y colaboradores de 2015 encontró una marcada diferenciación entre poblaciones de distintas islas y dos linajes diferenciados dentro de San Cristóbal. La revisión taxonómica de 2017 reconoció una especie con 11 subespecies. Perder una población local supone arriesgar una parte de esa diversidad.


Por eso es necesario determinar de qué isla y colonia salieron las 32 iguanas de Quito. Esa procedencia no está establecida en la información del MAE. Sin conocerla, tampoco se puede calcular qué proporción de la población fue extraída. Una cifra global para Galápagos, por grande que fuera, no resolvería esa pregunta.


Contarlas desde el aire para saber dónde disminuyen

Iguanas from Above trabaja sobre una dificultad que durante años ha limitado su conservación: muchas colonias están en acantilados y costas rocosas donde desembarcar y caminar es peligroso. Los drones permiten fotografiar esos sitios y conservar imágenes que otros investigadores pueden revisar y comparar con futuros registros.


El proyecto se desarrolla desde 2019 con Amy MacLeod y colaboradores de la Universidad de Leipzig, apoyo de Galapagos Conservation Trust y coordinación con la Dirección del Parque Nacional Galápagos. Según el resumen facilitado por GCT, su respaldo a la línea de investigación sobre iguanas se remonta a 2012.


El estudio piloto publicado en 2023 mostró cuánto influye el método en el resultado. En enero de 2021, en La Lobería, San Cristóbal, el conteo terrestre registró 102 iguanas y las imágenes aéreas 138. La estimación mediante captura, marcaje y reavistamiento fue de 161. Los drones se acercaron más a esa estimación, aunque su conteo también fue menor. Los números corresponden a aquella colonia en 2021.


Fotografiar las colonias resolvió una parte del trabajo. Quedaba revisar miles de imágenes. A través de Zooniverse, más de 13.000 voluntarios aportaron 1.375.201 revisiones de 57.838 fotografías, según el artículo publicado en Scientific Reports en 2025. Cada imagen podía ser examinada por varias personas para contrastar sus observaciones.


En las dos fases posteriores al piloto, los conteos agregados de los voluntarios alcanzaron el 91 % y el 92 % de los conteos expertos. El método permite ampliar el análisis, pero conserva una tendencia a subestimar el número de animales que debe corregirse al calcular las poblaciones.


¿Cuántas iguanas marinas quedan entonces en Galápagos? Los documentos revisados todavía no ofrecen un censo global definitivo. El trabajo de 2025 señalaba que faltaban datos completos para nueve de las 11 subespecies. En agosto de 2026, Varela informó que el equipo había muestreado todas las colonias conocidas y, en las islas pequeñas, la totalidad de sus costas. El análisis de esa información permitirá obtener una estimación detallada.


El avance importa para el PNG: permite buscar descensos en lugares antes difíciles de observar y orientar el monitoreo hacia las colonias que más lo necesitan. Para establecer una tendencia habrá que comparar los mismos sitios a lo largo del tiempo, con métodos consistentes.


El Niño puede dejar a las iguanas sin alimento suficiente

El Niño ya está en curso. El boletín de NOAA del 13 de agosto de 2026 lo describe en fortalecimiento y calcula una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026–2027. El pronóstico advierte sobre la intensidad del fenómeno en el Pacífico; sus efectos deberán medirse en cada zona de Galápagos.


Para las iguanas marinas, el peligro está en las algas de las que se alimentan. El calentamiento y la reducción del afloramiento de aguas ricas en nutrientes disminuyen la productividad marina y cambian el alimento disponible. Pueden predominar algas que las iguanas no digieren adecuadamente. La escasez puede deteriorar su condición corporal, alterar su reproducción y provocar muertes por inanición.


Un estudio publicado en PLOS ONE en 2007 examinó poblaciones de 11 islas antes y después de El Niño de 1997–1998. Algunas habían sufrido mortalidades de hasta el 90%. Ese máximo es un antecedente de determinadas poblaciones durante un episodio intenso; no permite pronosticar cuántas morirán en 2026. El estudio tampoco encontró una pérdida sustancial de diversidad genética neutral en la mayoría de las poblaciones examinadas: el impacto no fue uniforme.


Los animales que siguen en las islas enfrentan ese riesgo mientras el tráfico extrae ejemplares de sus colonias. Aún falta información para medir el efecto combinado de ambas presiones. Los registros de Iguanas from Above pueden ayudar a identificar dónde disminuyen las poblaciones y a orientar las decisiones del Parque Nacional.


Las 32 iguanas de Quito necesitan atención y un seguimiento que permita comprobar su recuperación. El Ministerio de Ambiente y el Parque Nacional Galápagosdeben explicar cómo se decidirá su destino y qué medidas impedirán nuevas extracciones. El antecedente de mayo demuestra que anunciar un rescate deja pendiente la parte decisiva: mantener vivos a los animales y proteger las poblaciones a las que pertenecen.

 
 
 

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