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Yasuní, más allá del mal petrolero y el buen salvaje

Por Martha Holz, desde Ginebra


A propósito de la demanda planteada en la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que el Estado del Ecuador responda por los derechos de los pueblos Tagaeri y Taromenane, hablamos con nuestro editor, Franklin Vega quien fue llamado como testigo por su trabajo periodístico y profesional en el Yasuní. Este parque nacional reconocido como uno de los puntos más biodiversos del planeta forjó una poderosa narrativa de ficción ambiental entre los buenos y malos, que hoy en día, mueve la opinión pública nacional e internacional. Sin embargo, la ficción y la realidad, según Vega, deben encontrar un equilibrio si se quiere llegar a un resultado que proteja a los pueblos no contactados. A continuación, un extracto de lo que nos dijo.


En un sobrevuelo por la Franja Diversidad y Vida con Moi Enomenga, entonces presidente de l la Nacionalidad Waorani del Ecuador (NAWE) y Paola Millán, ingeniera ambiental, en julio del 2015. Foto: Franklin Vega


Franklin, mucho de los problemas del Yasuní son encasillados en la industria petrolera. Y a pesar de que sacar petróleo tenga consecuencias socioambientales, tú insistes que la realidad del Yasuní es mucho más compleja que sólo plantear las cosas en términos de buenos salvajes y malos petroleros. ¿Quiénes son entonces los otros actores?

Primero quiero resaltar que el Yasuní es una entelequia, una ficción, en donde la realidad es menos atractiva porque a la final muere gente.


Para responder a tu pregunta, déjame iniciar por develar el origen de la leyenda del Yasuní. Esta inicia con el discurso verde de que una hectárea de este parque es más biodiversa que cualquier otro sitio del planeta, esta idea, se convirtió en una marca en los noventa. La comunidad científica nacional e internacional aportó muchísimo a crearla. Y los periodistas que éramos ingenuos y pensábamos que el bosque se iba a poder mantener, también. Mea culpa. Luego las ONGs aprovecharon el momento de éxtasis en el que estábamos. Y partes más, partes menos nació la leyenda y en su desarrollo se eliminaron personajes que no calzaban para la ficción verde. Era más fácil hablar de los malos petroleros y los buenos salvajes.


Pero para hablar de los actores se debe tener en cuenta que más allá de la reciente explotación extractiva petrolera, el Yasuní ha sido explotado desde el siglo XIX y parte del XX por la industria del caucho y la maderera. Luego por la hidrocarburífera. Claro, todas extractivas y todas bastante violentas y crueles con los más débiles. Además, han existido varias invasiones de colonos mestizos que llegaron de la serranía, que es tal vez la historia más difundida de colonización. Aunque también están los colonos indígenas como los Shuars y Kiwchas provenientes de la Amazonía sur que, en mi parecer, invadieron los suelos del Yasuní y desplazaron a los Waorani. Más actores, no tan buenos.


Fíjate que, en los sesenta, el Yasuní (que no era aún Yasuní) también era un territorio de haciendas de maíz, cacao, ganadería y café con algo similar que los huasipungos, con la diferencia que eran “peones libres” aunque su trato y pago eran igual de pésimos que en la Sierra. Entonces la iglesia católica, otro actor relevante hasta hoy, rompió la hegemonía de los capataces y ayudan a formar las comunidades en el Napo con los ex trabajadores de las haciendas. Aunque tal vez esa acción fue buena, su influencia evangelizadora en las comunidades indígenas es al menos caótica. Luego se crea el Yasuní en los setenta desconociendo a los pueblos que habitaban este territorio, algo no tan bueno, pero al mismo tiempo que permitió la creación de un territorio en conservación que hoy es leyenda.


Entonces con todo esto llegamos a los noventa, una época en la cual el mundo buscaba el Desarrollo Sostenible, la cumbre de la tierra en Río de Janeiro marcó la pauta a un futuro verde. Sin embargo, la gente alrededor del Yasuní, además de indígenas, se componía de colonos entre los cuales existían traficantes de madera, traficantes de vida silvestre, traficantes de carne de monte, recursos genéticos y dos que tres prófugos de la justicia. Para ellos también el Yasuní era un lugar místico, lejano, de recursos inagotables. En Lago Agrio, por ejemplo, se vendía carne de monte en un famoso restaurante en el cual sus comensales podían escoger al animal de monte vivo para su preparación.


Entonces depende de a quién le preguntes, es la leyenda del Yasuní que te cuentan. Este panorama más amplio de actores que te he compartido es mi realidad o mi leyenda, pero depende desde el punto de vista que lo veas quienes serán buenos y malos.


Entonces si no existe esta dicotomía de bueno o malo ¿Quiénes posicionan esta narrativa?

Todos quienes ven la Amazonía con una visión romántica. Primero los grupos científicos quienes nos deslumbran con conocimiento. Luego los periodistas amantes de los animales (risas), por ejemplo, uno de mis titulares que causó revuelo fue “Repsol, suple las falencias del Estado” la cual indicaba cómo la empresa hacía y deshacía en el Yasuní sin que el Estado pudiera regular nada, poco ha cambiado. Luego las ONG usaron esta narrativa del bueno y el malo, para conseguir fondos y hacer proyectos de desarrollo sostenible. Curiosamente nunca en contra de Repsol.


Sin embargo, es claro que esos fondos verdes vinieron desde el extranjero con una marcada agenda en contra de las petroleras. Según el libro de Michael Shellenberger esto podría ser gracias al cabildeo de las empresas de gas, históricas enemigas de las petroleras. Aquí un apunte, es curioso que las críticas de los ambientalistas en contra de Repsol en Ecuador, empresa española, sean casi nulas. Yo creo que es porque la petrolera estableció como estrategia una Fundación que desembolsó dinero para proyectos de desarrollo a algunas ONGs. ¿En este caso no era una petrolera buena? En enero de 2008, Repsol tuvo un derrame en el bloque 16 el cual, en mi opinión fue importante, pero tuvo muy bajo impacto en la comunidad ambientalista ecuatoriana.

Franklin Vega en el campo Apaika, dentro del Bloque 31 en agosto del 2008. Foto: Archivo


Sin embargo, bajo esta narrativa los indígenas son siempre los buenos ¿Por qué?

Los indígenas son utilizados por unos y por otros. El discurso de muchas ONGs de que el indígena debe estar en armonía con la naturaleza y vivir de la subsistencia para mi es un discurso perverso. Siempre me pregunto, cómo alguien que vive en la ciudad, puede decirle a un grupo de personas que viven bajo condiciones de pobreza que tiene que cuidar el bosque, porque es importante para la humanidad. La verdad, es que este discurso “del buen salvaje” vende.


Por otro lado, las petroleras no son mejores, estas destruyen la unidad comunitaria. Primero les dividen, les dan trabajo y luego negocian en desigualdad. La desigualdad se da por el idioma y capacidad para exigir cosas de calidad o vitales. Aunque hay algunas excepciones como la del caso del Bloque 18, donde crearon una empresa comunitaria para dar mantenimiento a las vías y se mantuvo, aunque con críticas. Sin embargo, la mayoría de los ejemplos son desastrosos.


Precisamente este discurso que tu denominas “el buen salvaje” se escuchó en la sesión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos con respecto a los pueblos en aislamiento voluntario. Tú has seguido este tema desde el año 1996 y ahora eres un testigo dentro del proceso. ¿Quién es el bueno y quién es el malo?

Nuevamente no existe esta dicotomía. Para la delimitación de la zona intangible que fue el primer paso para proteger a los pueblos en aislamiento hubo varios actores. Desde el lado petrolero Fernando Benalcazar, una ONG WCS que hizo la primera propuesta de delimitación, Alfredo Carrasco el entonces Subsecretario de Patrimonio Natural del Ministerio del Ambiente, Ana Albán que era la Ministra del Ambiente, el grupo de investigación del Vicariato Apostólico de Aguarico y algo que aportamos desde la prensa ambiental en mis días como coordinador de sección de El Comercio. Y aquí la CONAIE se oponía a la delimitación junto con Acción Ecológica porque reclamaban un protagonismo con peticiones irreales que siguen presentes en el discurso ambientalista.


Entonces para mí, si ponemos en términos de buenos y malos, en ese momento el bueno sería el petrolero y el malo la CONAIE y Acción Ecológica. Por eso, me parece que realmente el malo puede tomar varias formas. Malo, creo yo, es quien invisibiliza a los pueblos aislados sea bajo un discurso de buen salvaje, o sea bajo un discurso de ignorar las señales de su presencia para desarrollar proyectos petroleros o abrir caminos, etc. Por el contrario, bueno es quien hace una acción positiva por los pueblos en aislamiento, más allá de solo oponerse a la extracción petrolera que es una fuente de ingreso vital para el Estado en este momento.


¿Entonces estás a favor del petróleo en el Yasuní? ¿Existe el petróleo bueno?

No, paradójicamente no lo estoy. Pero oponerse sin una alternativa real es lo mismo que apoyarles. En el bloque 31, el proyecto original era sin carreteras y con transporte de helicóptero. La ministra Albán concedió la licencia ambiental con 21 condiciones super estrictas que minimizaban el impacto, precisamente al no permitir vías. Pero en el 2010 cuando entró PetroAmazonas se cambió la licencia y se permitió una carretera que llegó hasta la zona de amortiguamiento de la Zona Intangible. Junto a la carretera, cerca al Napo y el Tiputini, se inició la colonización de las familias Kiwchas.


Por ejemplo, se critica mucho por parte de las ONG ambientalistas a las petroleras en los bloques 31 y el ITT (Ishpingo Tambococha y Tiputini), pero la mayor afectación se produce en el extremo occidental del parque, en el bloque 14 y 17. A estos bloques se accede con facilidad por la vía Auca por donde además sale madera y es donde se han registrado todos los eventos violentos de muertes y ataques a pueblos en aislamiento. En el sector de Armadillo, en el 2009 Sandra Zavala y sus dos hijos fueron asesinados por lanzas Taromenane. Este sector debió ser despejado y lo más despoblado posible, sin embargo, se mejoró la vía y se construyó una escuela pública. El Estado actuó mal.


Mapas de la Franja Diversidad y Vida del Yasuní.


¿Por qué se escucha tan poco de estos bloques 14 y 17? ¿No hay buenos salvajes en estos bloques o petroleros malos? ¿Qué sucede ahí?

Se escucha poco, porque no es el Yasuní de la leyenda, no hay una selva exuberante ni animalitos o turismo ecológico. También podría ser que las empresas chinas que operan ahí no han sido atractivas para los ambientalistas, no lo sé. En esta zona se ve la deforestación y el efecto de las carreteras, muchas son abiertas por la comunidad con apoyo de los Gobiernos Locales. De hecho, las vías petroleras se abrieron hace décadas y el problema actual son las vías con dinero público local, pero esto es algo para otro momento. En este sitio poco aclamado del Yasuní, se instauró el Plan de Medidas Cautelares (PMC) como respuesta a las medidas cautelares impuestos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el cual consistió en crear un cuerpo armado para patrullar la zona y evitar que casos como los de Sandra Zavala y sus hijos sucedieran otra vez.


Como alternativa al PMC, en el 2013, tuve la oportunidad de liderar un proceso que se denominó “Diversidad y Vida: Franja del Yasuní”. Este nombre es emblemático para mí por dos razones: primero porque lo escogió la comunidad y segundo porque cambió el nombre impuesto por el PMC de “Franja Roja” lo cual le quitó esa connotación de violencia a este territorio. La franja es un ejercicio de ordenamiento territorial para la conservación fuera de un área protegida, es un espacio acordado entre los habitantes colonos e indígenas para el uso y tenencia de la tierra con restricciones autoimpuestos con el fin de salvaguardar tanto a las familias colonas como a los pueblos en aislamiento voluntario. Y así evitar más muertes y violencia por encuentros fortuitos.

En estos bloques que no son los más populares se logró que se visibilicen a los pueblos no contactados.


Este trabajo no fue publicitado ni tampoco contó con el aporte de las ONG ambientalistas. Así mismo, tuvo que sortear a las autoridades locales como la alcaldesa Anita Rivas quien al inicio se opuso y desconoció a los pueblos en aislamiento debido a un ofrecimiento de titulación de tierras. Pero quien después apoyó la iniciativa y empezó a hablar a favor de los pueblos aislados. La entonces prefecta Guadalupe Llori, no apoyó el proceso, pero acordó no obstaculizar las acciones a pesar de su oposición al gobierno por el caso Dayuma.


¿Entonces eres el bueno?

No, no me considero el bueno. Como dije antes, hice lo que considero una buena acción. Esa buena acción aportó a desmitificar este realismo mágico alrededor del ITT y del bloque 31 hacia el Yasuní real donde están los pueblos en aislamiento voluntario y los problemas reales que no aparecen en la portada de la National Geographic. Pero también hubo cosas malas en el proceso, como, por ejemplo, que no se lograra la sostenibilidad de todas las acciones planificadas con la comunidad. Cualquiera que diga que es posible lograr la sostenibilidad de estos procesos sin apoyo político y económico, muy probablemente prefiera la versión del Yasuní mágico, místico que lamentablemente no existe.



Uno de los sobrevuelos para delimitar la Zona Intangible Tagaeri Taromenane. De izquierda a derecha: Fernando Benalcázar, Paul Arellano, Inés Manzano, Alfredo Carrasco, Ana Albán Mora, Maximiliano Donoso, P. Juan Carlos Andueza, Carlos Andrés Vera. Foto: Archivo Particular.