El Apóstol que multiplicó los cupos pesqueros
- Franklin Vega
- hace 2 días
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Actualizado: hace 1 día
Un arrastrero sancionado en Nueva Zelanda llegó al Ecuador con permisos de pesca obtenidos en tiempo récord, un valor declarado cuatro veces menor al de mercado y demasiadas preguntas que las autoridades aún no responden.

Desde enero alertamos la presencia en Manta de un nuevo actor en la pesquería de merluza: el arrastrero industrial Apóstol Santiago, antes Amaltal Apollo. El buque cumple los requisitos formales para operar, pero su llegada destapó una cadena de inconsistencias que incluye cupos de pesca otorgados con inusual rapidez, vínculos con el entorno laboral de un exsubsecretario de Pesca y el silencio persistente del Ministerio de Agricultura, hoy nuevamente autoridad pesquera. En un sector donde los permisos suelen tardar años, este barco parece haber llegado —más que por la puerta— por la claraboya del sistema.
Las penas como los presuntos delitos, siempre van acompañadas. Desde enero alertamos la presencia de un buque pesquero industrial arrastrero de popa: el Apóstol Santiago, antes Amantal Apollo, que llegó por la ventana, en este caso por la claraboya, en una lista de irregularidades que incluye puertas giratorias (ex autoridades pesqueras que terminan beneficiándose de sus acciones) y permisos de pesca conseguidos con la misma facilidad que los juguetes en las cajitas felices.
El buque pesquero industrial ancló en Manta y auque cumple todos los requisitos formales, desveló una trama de presunto tráfico de influencias, agravado por el silencio del Ministerio de Agricultura, que se reestrena como autoridad pesquera, quien no ha podido o querido explicar cómo se entregan cupos a empresas que no están relacionadas con la pesca. Por ejemplo: los cupos entregados a la empresa ISMO S.A.S cuyo objeto social es: “CUALQUIER ACTIVIDAD MERCANTIL O CIVIL, LICITA y consultoría” y sin embargo obtiene dos cupos de pesca en cinco y 13 días respectivamente; uno para pesca con palangre y otro para pescar atún con caña.
Solicitamos ya por dos ocasiones los sustentos para la entrega de los dos cupos pesqueros que posibilitaron el ingreso de un buque industrial con casco de acero y que su sola presencia abre la posibilidad de una nueva modalidad de pesca. Esa entrega de permisos de pesca tiene varias inconsistencias: fueron entregados a una persona del círculo laboral del ex Subsecretario de Pesca Moya, quien se graduó como tecnólogo en administración es decir que no tiene experiencia pesquera.
Entre las cosas que no ha respondido el Ministerio de Agricultura con el Viceministerio de Pesca está el cómo se autorizó que llegue al Ecuador una embarcación que fue sancionada en Nueva Zelanda por pesca Ilegal y que tiene un valor comercial de USD 2 millones, pero que ingresó al Ecuador por USD 500.000 con esto el discurso de inversiones millonarias se queda sin piso.
Un buque con ‘prontuario’ pesquero
El buque arrastrero congelador MFV Amaltal Apollo fue objeto de un proceso judicial en Nueva Zelanda relacionado con infracciones a la normativa pesquera. Las autoridades determinaron que la embarcación había participado en operaciones de pesca que incumplían los requisitos del sistema de manejo pesquero, incluyendo irregularidades en el manejo o reporte de capturas.
Como resultado del proceso, el caso fue llevado ante los tribunales, que aplicaron sanciones económicas y medidas correctivas bajo el marco del Fisheries Act 1996 de Nueva Zelanda.
Dentro de este tipo de procesos, la legislación neozelandesa permite imponer multas significativas y, dependiendo de las circunstancias, ordenar la confiscación del buque o de los beneficios obtenidos de la actividad ilegal. En el caso del Amaltal Apollo, las acciones judiciales formaron parte del enfoque de cumplimiento del Ministry for Primary Industries (MPI), que busca garantizar la integridad del sistema de cuotas y la sostenibilidad de los recursos pesqueros.
La embarcación posteriormente fue vendida por su propietario, la empresa Talley’s Limited, mediante un contrato de compraventa que fijó un precio de USD 500.000, según la factura emitida en noviembre de 2025.
El caso ilustra cómo, en el sistema neozelandés, incluso buques comerciales de gran escala pueden enfrentar procesos judiciales cuando se detectan incumplimientos en las normas pesqueras. Aunque las sanciones pueden incluir multas y otras medidas económicas, el resultado final de cada caso depende de la decisión judicial específica y de si se determina o no la confiscación definitiva del activo. En algunos casos, una vez cumplidas las sanciones o resuelto el proceso legal, las embarcaciones pueden volver al mercado internacional mediante venta privada o transferencia a nuevos operadores.
Un barco de USD 2 millones facturado por 500.000
El Amaltal Apollo, un arrastrero congelador construido en 1987 y de aproximadamente 529 toneladas, fue posteriormente vendido por su propietario por USD 500.000, por lo menos eso consta como declarado en el Servicio Aduanas del Ecuador (SENAE).
En el mercado internacional de buques pesqueros, embarcaciones de características similares —arrastreros congeladores de finales de los años ochenta— pueden aparecer en listados comerciales por valores que pueden superar los dos milones de dólares, dependiendo de su estado técnico y equipamiento.
En ese contexto, el precio de venta relativamente bajo puede explicarse por varios factores que se consideran en el mercado de activos marítimos: la edad del buque, su historial operativo, posibles necesidades de mantenimiento y la dinámica propia de las ventas posteriores a procesos regulatorios. En estos casos, el descuento no necesariamente implica una irregularidad en la transacción; puede reflejar simplemente las condiciones comerciales bajo las cuales el propietario decidió transferir el activo. Pero este tema debería aclararlo la SENAE y el Ministerio de Agricultura.
Sin embargo, a pesar de los anuncios de cambio, en “El Nuevo Ecuador” se reciclan las costumbres del “viejo Ecuador” y los beneficios a los mismos grupos en detrimento de otros.
¿Por qué los barcos sancionados por pesca ilegal suelen venderse baratos?
En el mercado internacional de buques pesqueros es relativamente común que embarcaciones vinculadas a investigaciones o sanciones por pesca ilegal se vendan con descuentos importantes. Esto ocurre porque el activo queda asociado a riesgos regulatorios y reputacionales que reducen el número de compradores potenciales. Empresas que operan bajo certificaciones de sostenibilidad o en mercados con controles estrictos suelen evitar adquirir barcos con antecedentes legales. Esto no parece importar cuando Ecuador anuncia que pronto levantarán la Tarjeta Amarilla impuesta por la Unión Europea por no controlar la cadena de Valor de la Pesca Ilegal.
Además, los buques sancionados pueden requerir inspecciones adicionales, actualizaciones de equipos de monitoreo o revisiones técnicas antes de volver a operar. Ese costo potencial se descuenta del precio de compra. A esto se suma un factor comercial: cuando un armador decide desprenderse de una embarcación tras un proceso judicial o administrativo, muchas veces busca venderla rápidamente para evitar gastos de mantenimiento, seguros y operación.
Por estas razones, los buques involucrados en procesos regulatorios suelen venderse entre un 30 % y un 60 % por debajo del valor de mercado de embarcaciones comparables. Existió ese descuento en el caso del Amaltal Apollo, hoy Apóstol Santiago? Hasta ahora no lo sabemos, el Sr Bone ni el Ministerio de Agricultura ha respondido las preguntas formuladas mediante oficio.
Un buque con el cupo de tres barcos pequeños
Si se confirma la entrada en operación de un buque como el Amaltal Apollo (hoy Apóstol Santiago) se introduciría un cambio radical en la estructura de la pesquería polivalente de merluza. Se trata de un arrastrero congelador de aproximadamente 529 toneladas y 40 metros de eslora, equipado con sistema de congelación industrial y autonomía para operar largas mareas (temporadas de pesca).
En contraste, los barcos polivalentes autorizados en esta pesquería en Ecuador (pesca de arrastre) son embarcaciones de menor tamaño —entre 20 y 30 metros de eslora— con menor capacidad de bodega, menor potencia instalada y ciclos de pesca más cortos, lo que obliga a descargas más frecuentes en puerto. Esta diferencia tecnológica y operativa permite a un arrastrero congelador mantener actividad continua durante periodos más largos y capturar mayores volúmenes en cada marea.
Desde el punto de vista del esfuerzo pesquero efectivo, un buque como el Apóstol Santiago, puede concentrar en una sola unidad una capacidad de captura equivalente a la de varios polivalentes tradicionales. Mientras los polivalentes de merluza operan con una cuota de captura máxima del recurso merluza de hasta 750 toneladas anuales, una autorización vinculada a una cuota de hasta 2.500 toneladas (como la del Apóstol Santiago) implica que una sola embarcación podría alcanzar niveles de captura comparables a dos barcos polivalentes o más. Esto modifica la distribución del recurso y la eficiencia de extracción dentro de la flota.
Si el Apóstol Santiago opera, se desatará una competencia por las zonas de pesca y la concentración del esfuerzo en unidades más grandes y supuestamente más eficientes. Un buque con mayor autonomía puede permanecer más tiempo en las áreas de captura y aprovechar mejor las agregaciones de merluza, reduciendo las oportunidades de pesca para embarcaciones más pequeñas que dependen de mareas cortas y retornos frecuentes a puerto.
Un impacto que va más allá de lo económico
En términos económicos, la operación de un buque pesquero industrial de gran tamaño puede traducirse en mayor presión competitiva dentro de la flota. Si una embarcación mayor logra capturas más grandes en menos tiempo, puede reducir sus costos por tonelada y operar con mayor margen. Los armadores polivalentes tradicionales, que dependen de ciclos de pesca más cortos y de infraestructuras de conservación limitadas, podrían enfrentar mayores dificultades para mantener niveles similares de rentabilidad.
En pesquerías donde el recurso es compartido y las capturas dependen de agregaciones localizadas, la presencia de unidades más grandes puede generar que el recurso se concentre más rápidamente en manos de pocos operadores.
Por esta razón, en muchos sistemas de manejo pesquero el debate no gira únicamente en torno al volumen total de captura permitido, sino también al tamaño y capacidad tecnológica de las embarcaciones autorizadas.
Cuando se introduce un buque con mayor autonomía, potencia y capacidad de congelación, el impacto no solo se mide en toneladas capturadas, sino en cómo cambia la dinámica competitiva dentro de la flota. Para los pescadores polivalentes de merluza, el desafío consiste en asegurar que las reglas de acceso, los cupos y las características de las embarcaciones mantengan un equilibrio que permita la sostenibilidad del recurso y una distribución razonablemente equitativa de las oportunidades de pesca y esto es lo que se busca en el país de la anterior bandera del Apóstol Santiago.

¿Qué es el sistema de cuotas pesqueras de Nueva Zelanda (QMS)?
Nueva Zelanda gestiona la mayoría de sus pesquerías mediante el Quota Management System (QMS), un sistema introducido en 1986 para evitar la sobreexplotación de los recursos marinos. Bajo este modelo, el gobierno establece para cada especie una Captura Total Permisible (TAC) basada en evaluaciones científicas del estado del stock, algo similar a lo que hace en Ecuador el Instituto Público de Investigación de Acuicultura y Pesca (IPIAP), pero que en Nueva Zelanda se aplica y no se deja a criterio de la autoridad la decisión final.
En Nueva Zelanda, esa captura se divide en cuotas individuales transferibles que pueden ser compradas, vendidas o arrendadas por las empresas pesqueras. Cada operador comercial debe contar con cuota suficiente para cubrir el volumen de pescado que captura. Si un barco excede su cuota, debe pagar una penalidad conocida como “deemed value”, diseñada para desincentivar la sobrepesca. El sistema también exige reportes detallados de capturas, monitoreo electrónico y observadores a bordo en determinadas pesquerías.
El QMS es considerado uno de los sistemas de gestión pesquera más avanzados del mundo. Precisamente por su importancia para la sostenibilidad del recurso, las infracciones —como reportes falsos de captura o pesca fuera de cuota— pueden generar multas elevadas, confiscación de capturas e incluso procesos judiciales contra las empresas y sus embarcaciones. En este punto, la autoridad pesquera del Ecuador aún está en tamaño sardina, apenas si se conocen sanciones a barcos pesqueros industriales y las multas son desproporcionadas, se aplican igual para un barco de 20 metros como para un cerquero de 50 metros con helipuerto y respaldo de transnacionales pesqueras.
Desde la Redacción
En teoría, el sistema pesquero existe para proteger el recurso y garantizar reglas iguales para todos. En la práctica, el caso del Apóstol Santiago muestra que algunas embarcaciones parecen navegar con viento institucional a favor.
Un arrastrero sancionado en otro país, cupos entregados con velocidad inusual y una factura que abre más preguntas que respuestas son piezas de una historia que todavía no termina de explicarse.
En el Ecuador, al parecer, los milagros no siempre ocurren en el mar: a veces ocurren en los escritorios.




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