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El combustible estrangula a la pesca en Ecuador

  • Foto del escritor: Franklin Vega
    Franklin Vega
  • hace 35 minutos
  • 2 Min. de lectura

El alza del diésel en Ecuador, que ya supera los $3 por galón en algunos puntos, está provocando una crisis en el sector pesquero. Pescadores denuncian abusos en los precios, incumplimiento de la banda de ajuste y problemas en la calidad del combustible que han causado daños en embarcaciones. Con costos operativos en aumento y un mercado que no soporta más incrementos en el precio del pescado, la actividad enfrenta un escenario de inviabilidad que pone en riesgo miles de empleos en la cadena pesquera.


Lo que está ocurriendo en el sector pesquero ya no es una advertencia: es una crisis en desarrollo. A las vacunas para evitar robos, asaltos o asesinatos en el mar, se suma el combustible más caro.


El precio del diésel, que durante años sostuvo la operación de miles de pescadores, ha saltado de niveles cercanos a $1,80 a rangos de hasta $3,07 por galón. Un incremento que no solo rompe cualquier previsión, sino que también desborda los límites que se suponía debía respetar la banda de ajuste.


Pero el problema no es únicamente el precio.

Desde puertos como Posorja y Anconcito, pescadores denuncian algo más grave: un mercado sin control. Diferentes comercializadores venden combustible a precios dispares, bajo justificaciones externas como la coyuntura internacional, mientras en territorio crece la percepción de abuso.

A esto se suma un factor crítico: la calidad del diésel.

Hay reportes de combustible contaminado con agua y residuos, que ya estaría provocando daños en sistemas de inyección, bombas y toberas. Más de una decena de embarcaciones presentan fallas. En un sector donde cada salida al mar implica inversión y riesgo, esto no es un detalle técnico: es un golpe directo a la supervivencia.


El impacto económico es inmediato.

El costo de operación sube, pero el precio del pescado no acompaña. La razón es simple: el mercado interno no tiene capacidad para absorber más aumentos. Subir el precio del pescado significa dejar de vender.

El resultado es un callejón sin salida:costos en alza + ingresos estancados = colapso operativo.

Mientras tanto, los primeros efectos ya se sienten en la cadena: especies como la albacora y el picudo registran incrementos, y el camarón suma sobrecostos por viaje. Detrás de estas cifras hay una red de aproximadamente 25.000 empleos que depende directa o indirectamente de la pesca.


La tensión crece en el sector.

Hay llamados a organizarse, a documentar lo que ocurre y a visibilizar lo que muchos ya describen como abuso sistemático. No se trata solo de un problema de precios, sino de regulación, control y transparencia.

Porque cuando el combustible se vuelve inaccesible —o incluso dañino—, la pesca deja de ser una actividad viable.

Y cuando la pesca se detiene, no solo se afecta a quienes salen al mar.Se afecta toda una economía local que depende de ellos.


 
 
 

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