• Franklin Vega

De comida de piratas a mascotas exóticas: el comercio mundial de tortugas Galápagos

La depredación de las tortugas gigantes es histórica y ha sido bien documentada desde filibusteros, piratas y coleccionistas. También los esfuerzos por evitar la extinción de las tortugas no han cesado al igual que el comercio legal e ilegal. En internet se ofertan tortugas de todas las edades. En Estados Unidos, por lo menos 77 personas tienen autorización para criar en cautiverio tortugas endémicas de Galápagos.

Tortuga neonata (Chelonoidis nigra) en el Centro de Crianza Arnaldo Tupiza de la isla Isabela, Parque Nacional Galápagos. Foto: Franklin Vega


La fauna de Galápagos tal vez sea la más controlada y cuidada del Ecuador, pero también es comercializada de manera legal e ilegal, ¿cuál es la línea para lo considerado legal? ¿Los permisos que emite CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres)?


La respuesta es un tal vez. Desde la misma historia de las islas Galápagos están ligadas a la utilización de sus especies considerándose sólo como recursos comestibles y otras como atractivos turísticos. Sobre el caso de las iguanas terrestres y marinas únicas de las islas publicamos esta nota que evidenciaba su tráfico y como los permisos sirven para "blanquear" lo ilegal.


Acerca de las tortugas gigantes de Galápagos (Chelonoidis nigra) hay más historia y evidencias de su intercambio entre países distintos al Ecuador. Desde 1979 se ha comercializado, con autorizaciones o permisos, 565 tortugas de Galápagos vivas según la base de datos de CITES. La primera exportación en 1979 constan como importador exportador países desconocidos.

De las 565 tortugas de Galápagos comercializadas en el mundo, salidas del Ecuador solo hay el registro del envío de tres de estos animales vivos. Una a Estados Unidos en 1994 y dos a Corea en el año 2001. Las dos tortugas enviadas a Corea corresponden a un intercambio de las tortugas por el equipamiento de la clínica veterinaria del Zoológico de Quito en Guayllabamba, que en su momento se valoró en 50.000 dólares, esas tortugas fueron decomisadas por la entonces recién creada Unidad de Protección Ambiental de la Policía (UPAM) en Quito.


Detalle de la pata de una tortuga galápagos (Chelonoidis nigra) en el Centro de Crianza Arnaldo Tupiza de la isla Isabela, Parque Nacional Galápagos. Foto: Franklin Vega


Martín Bustamante, director del Zoológico de Quito, afirma que conoció acerca del canje. “No puedo decir si fue adecuado o no, pero sin eso no tendríamos una clínica veterinaria. Hay que ver más allá y el problema es el tráfico de especies no solo de las tortugas y considerar que es relativamente fácil reproducir tortugas en cautiverio. En el Zoológico no lo hacemos”.


María Elena Barragán-Paladines, Directora Ejecutiva, de la Fundación Herpetológica Gustavo Orcés (Vivarium de Quito) también señala que para el caso de iguanas y tortugas de Galápagos, son muy raras y pueden tener requerimientos muy específicos para su cuidado. "Los reptiles son organismos muy susceptibles a cambios bruscos de temperatura. Sin embargo y en consideración a que el origen de estos animales son las islas, en donde hay temperaturas elevadas, los reptiles generan mecanismos de adaptación para resistir esa temperaturas. La facilidad de reducir su metabolismo, reduciendo la temperatura, esto hace que estando sus cuerpos fríos se inactivan pudiendo ser transportados por varias horas".


"Las personas que comercializan reptiles, manejan conocimientos para evitar el estrés, y proveerles de comida fresca y por ello son capaces de mantener un comercio ilegal por varios años". María Elena Barragán-Paladines, Directora Ejecutiva, de la Fundación Herpetológica Gustavo Orcés (Vivarium de Quito)

Dentro del Ecuador, las tortugas en general son las especies más decomisada. En 25 años el Vivarium de Quito ha recibido 1765 animales entre aves, insectos, serpientes y tortugas. Las tortugas representan el 38 por ciento de todos los animales recibidos por esa institución. Aquí cabe resaltar que para que una tortuga llegue viva a ser comercializada, en promedio al menos 8 murieron en el camino.


Al revisar los datos del tráfico legal mundial, con permisos de CITES, la cifra de 565 es solo una fracción mínima de lo que se comercializa en el mercado negro, sin permisos. Una muestra: las tortugas robadas de los tres centros de crianza que mantiene el Parque Nacional Galápagos; entre el 2017 y el 2021 suman 335 tortugas entre las robadas y decomisadas.

La cantidad de tortugas robadas muestran que hay demanda, que los precios que se pagan justifican correr los riesgos de una eventual captura. Otro incentivo es que estos casos de tráfico ilegal del emblema vivo de las islas gozan de impunidad en la práctica. El único implicado en el intento de robo de 185 tortugas en el 2021 fue liberado de la cárcel y a pesar de los reclamos de juristas como Milton Castillo, para ampliar las líneas de investigación no hay avances ni se conocen los nombres de los otros implicados. Lo mismo sucede con los procesos abiertos por la desaparición de 150 tortugas entre 2017 y 2018 de las instalaciones del Parque Nacional Galápagos que están en trámite.


Otro indicador del impacto del tráfico ilegal de las tortugas gigantes es el número que se pueden obtener de criarlas en cautiverio. En los tres centros de crianza de tortugas del Parque Nacional Galápagos nacen cada año alrededor de 350 tortugas bebés. Es decir, el envío frustrado de tortugas del 2021 equivale a más de la mitad de cantidad de tortugas que logran nacer gracias al cuidado de los guardaparques y el apoyo de organizaciones nacionales e internacionales.


"Los delitos contra el ambiente como el tráfico de vida silvestre, están vinculados al crimen organizado. Utilizan estructuras comerciales definidas, lavan dinero producto de otros ilícitos, tienen una actividad internacional y participa un grupo de personas bien organizado" César Ipenza Peralta, abogado especializado en temas ambientales

Detalle de una tortuga galápagos (Chelonoidis nigra) en el Centro de Crianza Arnaldo Tupiza de la isla Isabela, Parque Nacional Galápagos. Foto: Franklin Vega


Una corrección a los datos del registro del comercio mundial de CITES

El Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica del Ecuador al ser consultado sobre el comercio de tortugas de Galápagos señaló: “Es importante aclarar que todas las exportaciones que se han realizado desde el Ecuador han sido confines científicos, es decir se ha autorizado el envío de muestras de sangre, tejidos, pieles, etc. Nunca especímenes vivos”.


No obstante, no proporcionaron detalles de la exportación de las 2 tortugas a Corea en el año 2000. Además, al preparar este artículo y revisar en la base de datos de CITES constaba la exportación de 392 tortugas de Galápagos vivas desde Ecuador a Estados Unidos.


Bitácora Ambiental solicitó información al Ministerio del Ambiente y a la planta central de CITES. El Ministerio del Ambiente envió el permiso CITES de esa exportación emitido por el Ecuador, se evidenció una inconsistencia entre lo declarado por el país y lo reportado por la entidad internacional. En el documento proporcionado por el Ministerio consta que no son 392 tortugas vivas sino muestras de sangre que se utilizarán en análisis genéticos de tortugas Galápagos. Esos análisis proporcionan información valiosa sobre la especie y permiten adoptar medidas de manejo.



Detalle del permiso de exportación de 392 muestras de sangre que constaban en la base de datos mundial como tortugas vivas. Capturas de pantalla de las exportaciones que constaban en la base de datos de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres)


Luego de un intercambio de correos electrónicos entre Bitácora y el personal de CITES, se reconoció el error y enmendó el dato de las exportaciones de tortugas vivas. Textualmente CITES indicó: “las personas que manejan la base de datos han comprobado y confirman que la exportación era de muestras de sangre (no tortugas vivas). Aparentemente, hubo un código LIV que se colocó por error (LIV = LIVE) cuando no debería haber estado allí”.


El resultado, se mantiene: tres tortugas gigantes de Galápagos vivas se exportaron desde el Ecuador una con permisos a Estados Unidos, donde existe un activo mercado de tortugas gigantes criadas en cautiverio y las dos a Corea.


Lo que no se puede conocer el volumen del comercio ilegal de tortugas de Galápagos. Para el ojo inexperto, las bebés tortugas pueden confundirse con otra especie de tortuga gigante que se comercializa sin problemas: las aldabras (Aldabrachelys gigantea). Esta es la segunda especie de tortuga más grande del mundo y solo se encuentra en la isla de Aldabra en el archipiélago de las Seychelles en el océano Índico, cerca de África, pero esta especie no está en peligro de extinción.

Tortuga de Aldabra. Fotografía tomada de www.mundoreptiles.com


Según la base de datos de CITES, desde 1975 se han comercializado 29.171 tortugas aldabras, de las cuales el 60 por ciento ha salido de las Seychelles. Sus precios van desde los USD 2.000 a los 20.000 por cada una en los Estados Unidos, donde se las comercializa como una mascota exótica.


En Estados Unidos 77 personas reproducen tortugas de Galápagos con permisos

Al realizar una búsqueda simple en internet con las palabras “tortuga galápagos en venta” aparecen 160.000 resultados. Allí son fácilmente identificables decenas de centros de crianza que venden tortugas galápagos criadas en cautiverio, especialmente en Estados Unidos. En este video un muestra.


Facsímil del permiso de Registro de Vida Silvestre Criado en Cautividad que se debe obtener en el Servicio de Pesca y Vida Silvestre (FWS) de Estados Unidos para criar animales en peligro de extinción como las tortugas de Galápagos, el proceso tiene una tarifa de USD 200.


Estos centros de crianza están al sur de Estados Unidos en estados como Florida y

Texas que tienen un clima cálido la mayor parte del año. Los precios superan los 60.000 dólares por una tortuga macho adulto y las pequeñas rondan los 10.000.


¿Cuántas tortugas de galápagos se comercializan en Estados Unidos? No hay una cifra oficial, esa fue la respuesta del el Servicio de Pesca y Vida Silvestre (FWS) de ese país. Lo que nos indicarán una vez que respondan una consulta amparada en la Ley de Libertad de Información de ese país es el número de personas autorizadas a criar y comercializar estos animales. En una publicación anterior, el FWS ha emitido 77 permisos para criar y comercializar tortugas gigantes. Para obtener ese permiso llamado Registro de Vida Silvestre Criado en Cautividad es necesario llenar un formulario y pagar 200 dólares.


Para el comercio al interior de Estados Unidos de las tortugas de Galápagos, se requiere un permiso especial emitido también por el FWS. Esto hace que los criadores ofrezcan sus tortugas con la condición que los nuevos propietarios no las trasladen del estado donde se realiza la transacción. En las listas de espera para la compra de tortugas, exigen pruebas de arraigo o de residencia en la misma zona de la venta.


Lo que no está claro es quien se encarga de velar por la salud de esas tortugas y si en realidad se mantienen como aporte para la conservación o como una mascota exótica. La Ley de Especies en Peligro de Extinción de Estados Unidos prohíbe la importación, exportación o captura de peces, vida silvestre y plantas que estén catalogadas como especies amenazadas o en peligro de extinción.


¿Cómo llegaron las tortugas Galápagos a Estados Unidos? Los animales de las islas salían prácticamente sin controles hasta 1984 del Ecuador. A todos estos ejemplares, los científicos les catalogan como especímenes pre-CITES, es decir que se los puede considerar “legales”. Si se añade que bien cuidadas las tortugas galápagos viven 150 años o más, algunos de estos animales siguen reproduciéndose.


Captura de pantalla del canal de Youtube del Zoológico de San Diego de una de sus las tortugas de Galápagos.


Uno de los propietarios del Galapagos Tortoise Land de Florida indicó que la tortuga Helen fue rescatada por una pareja de estadounidenses, en los años 60, antes de ser degollada en el mercado de Puerto Ayora para venderse como carne. Esa es la historia de cómo llegó a suelo estadounidense ese animal, que no logra aún reproducirse, pero las otras bebés tortugas que nacen se venden previo a registrarse en una lista de espera y cancelar un abono como reserva.


La historia de la depredación de las tortugas

Con las incursiones de los piratas y balleneros que usaban las islas Galápagos como punto de reabastecimiento de agua, carne y aceite de tortuga, la depredación de las Galápagos empezó de forma oficial. Científicos como Washington Tapia, herpetólogo y ex director del Parque Nacional Galápagos, afirma que más de 200.000 tortugas se sacaron de las islas. Eso sumado a la introducción de especies invasoras como chivos, vacas, gatos y ratas aceleró junto con las especies vegetales la desaparición de 4 de las 15 especies de tortugas gigantes.


Imagen tomada del Blog de Edgardo Civallero.


Ya entrado el siglo XX con el inicio del turismo a las islas con la expedición del crucero Stella Polaris a Galápagos, en 1934, empieza el mito de conocer las islas, que años antes ganó fama mundial por el “caso Galápagos” ante la desaparición y muerte de cuatro inmigrantes alemanes. A casi un siglo, el misterio de la Baronesa sigue vigente.


Pero mientras se desarrollaba el turismo en las islas de forma incipiente, la legislación para controlarlo iba rezagada. En 1969 empezó el crucero navegable Lina A del empresario Luis Eduardo Proaño entonces propietario de Metropolitan Touring y la gestión del turismo con la aplicación de normas empezó formalmente en 1979, pero con la ayuda de la empresa de Proaño. Antes de ese año era frecuente ver fotos de turistas abrazando iguanas, cabalgando sobre tortugas gigantes o llevándose algún animal disecado o vivo como recuerdo.


¿La razón? La falta de ingresos para los pobladores locales que no participaban del turismo de cruceros, de alguna forma debían conseguir dinero. Además, el Parque Nacional Galápagos fue creado en 1959, pero tuvo su primer superintendente (lo que hoy sería el Director) en 1971 y el primer plan de manejo en 1974 y en ese año se contrató los primeros 40 guardaparques. No hay conservación sin recursos ni infraestructura ni alternativas para quienes habitan en esos ecosistemas.


Era la costumbre de las instituciones públicas del Ecuador tener tortugas de Galápagos como mascotas. El Colegio Mejía tenía seis, dos como esas tortugas recuperadas fueron las que se intercambiaron con Corea.


Maria del Carmen Cajas, recuerda que en su infancia cabalgaba con sus hermanos sobre una tortuga gigante en su casa en Guayaquil. "La tortuga de Galápagos la trajo mi padre, el capitán de navío Alejandro Cajas Vallejo, en el último viaje que hizo al mando de la fragata de la Armada del Ecuador que se encargaba de aprovisionar las islas. Se la dieron como recuerdo la comunidad, eso fue hace 69 años. Luego de un año un amigo de la familia que era médico de Chile, que es la patria de mi madre, se la llevó a un mejor sitio. Hoy me avergüenza haber mantenido en mi familia un animal majestuoso como esa tortuga. Eran otros tiempos, no nos imaginábamos lo que se vive ahora".

Depredación y ciencia

Una parte de las tortugas de Galápagos se llevaron con fines científicos a Zoológicos de todo el mundo o a casas particulares. Pero también hubo otro tipo de “depredación en nombre de la ciencia”. El autor Edgardo Civallero da cuenta de cómo se cazaban las tortugas gigantes para colecciones de zoológicos o para que los caparazones engrosen las colecciones de los museos y acumulen polvo. Civallero reporta que hasta 1928 se llevaron 440 tortugas gigantes con fines científicos. “Un científico de apellido Beck fue la última persona en ver una tortuga gigante en Fernandina, cuando la vio la mató. El cuerpo disecado de esa tortuga está en el Museo de Historia Natural de San Francisco”.


Otra referencia a lo fácil que era llevarse las tortugas de Galápagos si se contaba con el espacio y los recursos adecuados está registrado por la misma ciencia. Se trata relato de Fernando Ortiz Crespo de 1997, en el cuenta como el millonario estadounidense “Vincent Astor se llevó una tortuga macho de 500 libras y 200 huevos de tortuga parcialmente incubados” a Bermuda en 1937.


Para dimensionar la "exportación no oficial de tortugas galápagos", se debe reconocer que control de las especies de Galápagos es reciente. La movilización de especies de las islas como tortugas, iguanas, pingüinos, gavilanes, lobos marinos (por citar algunos ejemplos) era frecuente antes de 1984. En general salían a Museos y Zoológicos de todo el mundo. En 1984, Ecuador empezó a aplicar las regulaciones de CITES y para 1998 con la Ley Especial de Galápagos (LOREG) se prohibió la movilización de cualquier especie de flora o fauna, pero eso no ha detenido a los traficantes.

La historia de Diego el macho reproductor repatriado de Estados Unidos

La historia de las tortugas de Galápagos también tiene un lado positivo. Una de las tortugas llevadas, en la década de 1930, al Zoológico de San Diego en Estados Unidos fue la clave para ayudar a repoblar de tortugas la isla Española.


De las 15 tortugas sobrevivientes, se reprodujeron en cautiverio aproximadamente 2.300 que fueron repatriadas a su isla original. Según el Parque Nacional Galápagos, este es uno de los programas de reproducción de tortugas más exitoso del mundo.


En 1960, los intentos de salvar de la extinción a las tortugas de Galápagos movilizó a científicos de todo el mundo. En el caso de las tortugas de Española solo sobrevivieron a los piratas, balleneros, coleccionistas y científicos 12 hembras y 2 machos. Para salvar la especie se necesitaban más individuos para incrementar el acervo genético.


Luego de buscar en todo el mundo, en 1976 ubicaron un macho en el Zoológico de San Diego. El cual fue recuperado por Ecuador para incorporarse al programa de reproducción en cautiverio y luego de 80 años regresó a su isla original.


El Parque Nacional Galápagos el 16 de junio del 2021 cerró oficialmente el Programa de Reproducción de Tortugas en Cautiverio de la isla Española el cual desarrolló con la ONG Galapagos Conservancy, a través de Iniciativa para la Restauración de las Tortugas Gigantes (GTRI por sus siglas en inglés). No obstante, el el programa de tortugas de Española la inició la Fundación Charles Darwin.


Liberación de las tortugas en la isla Española. Foto: Ministerio del Ambiente.


Alfredo Carrasco, ex subsecretario del Ministerio del Ambiente, recuerda que en mayo de 1968 Roger Perry, en ese entonces director de la Estación Científica Charles Darwin, llevó a la Estación las últimas 14 tortugas que se encontraban en Española, también se llevaron tortugas de Pinzón. Luego llega la tortuga del Zoológico de San Diego en 1976.


"Las primeras tortugas juveniles repatriadas fueron las de Pinzón, a fines de 1970. En esa época, 1970, ya habían eclosionado las primeras tortugas de Española, vale recordar que solo había un macho en el grupo de las 14 iniciales".

Un galapagueño de Isabela que protege las tortugas

El año pasado, se encontraron los restos de 15 tortugas gigantes faenadas en la isla Isabela. Este no fue un hecho aislado y los moradores de Galápagos consultados saben quienes acostumbran comer carne de tortuga, pero no revelan los nombres por temor a las represalias, pero ratifican que la ingesta de tortugas es constante en la isla.

Milton Naranjo Acosta es un ejemplo para los habitantes de la isla Isabela en Galápagos. En varias ocasiones ha entregado las tortugas que encuentra en su finca a los guardaparques del Parque Nacional Galápagos.


No obstante, en Isabela también hay ciudadanos comprometidos con la supervivencia de las tortugas. Un ejemplo es Milton Naranjo Acosta quien, encontró una tortuga en diciembre del 2020, en su finca ubicada en Cerro Verde, la zona rural de Isabela.


Naranjo llamó a las autoridades y entregó la tortuga a los guardaparques del Parque Nacional Galápagos. Según relata, la tortuga no tenía ninguna marca, es decir no había sido registrada por el personal del Parque Nacional y la entregó “para evitar que la tortuga sea víctima de la delincuencia”.


No es la primera tortuga que Naranjo ha entregado a los guardaparques. Está convencido que los isleños son corresponsables de la protección de todas las especies y que todos deben ser guardianes de las islas.