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El turismo debe crecer en el continente, no en Galápagos

Foto del escritor: Franklin Vega
Franklin Vega
hace 14 horas
5 min de lectura

Renato Solines, fundador del Hotel Carlota, advierte que el aumento del turismo en Ecuador debe concentrarse fuera del archipiélago. En el foro Día B Champions explicó que la sostenibilidad exige respetar los límites de cada destino y reducir el impacto de los proyectos.


La sostenibilidad más allá del greenwashing

Renato Solines, fundador del Hotel Carlota, durante su participación en el foro Día B Champions. Foto: Franklin Vega
Renato Solines, fundador del Hotel Carlota, durante su participación en el foro Día B Champions. Foto: Franklin Vega

No se puede hablar de sostenibilidad en Galápagos mientras se plantea que las islas sigan absorbiendo el crecimiento del turismo ecuatoriano. Esa fue una de las principales reflexiones de Renato Solines, fundador del Hotel Carlota, durante su participación en el foro Día B Champions. Las Empresas B (o B Corps) son compañías con fines de lucro que buscan generar un triple impacto: económico, social y ambiental.


Solines cuestionó la contradicción entre utilizar a Galápagos como emblema de la conservación y, al mismo tiempo, proyectar sobre el archipiélago un crecimiento turístico que puede aumentar la presión sobre sus ecosistemas.


Según la estimación que presentó durante el encuentro, Ecuador recibe actualmente cerca de un millón de turistas al año y podría aspirar a alcanzar entre dos y tres millones en el mediano plazo. Sin embargo, advirtió que ese crecimiento no debería producirse de manera uniforme en todo el territorio. “Si esa es la meta, el turismo tiene que crecer en el continente; no puede crecer en Galápagos”, afirmó.


Su planteamiento desplaza la discusión desde la promoción turística hacia los límites de cada destino. Para Solines, la sostenibilidad no consiste únicamente en reducir consumos, eliminar plásticos o comunicar buenas prácticas una vez que un hotel ya está funcionando. La primera decisión ambiental ocurre mucho antes: al escoger dónde y cómo desarrollar un proyecto.


La sostenibilidad comienza con la ubicación

“Todo el mundo habla del tema sostenible, habla de Galápagos y de la preservación. Pero creo que el inicio es ver dónde vas a hacer tu hotel”, señaló. Esa lógica estuvo presente en el desarrollo del Hotel Carlota. En lugar de levantar una nueva edificación de gran tamaño, el proyecto recuperó una casa que se encontraba deteriorada y la transformó en un establecimiento de doce habitaciones.


“En el caso de Carlota, se trataba de rescatar una casa que estaba en mal estado y convertirla en un hotel hermoso de doce habitaciones”, explicó. La intervención muestra que la sostenibilidad también puede relacionarse con el aprovechamiento de infraestructura existente y con una escala ajustada al entorno. No se trata solamente de incorporar tecnologías eficientes, sino de preguntarse cuánto es necesario construir y qué efectos tendrá esa decisión en el lugar.


Solines trasladó el mismo criterio a Santa Marianita, en Manabí, una localidad que, según explicó, necesita turismo, inversión y oportunidades de crecimiento. Allí existía la posibilidad de desarrollar un alojamiento mucho más grande, pero se optó por limitar deliberadamente su tamaño.


“Pude haber hecho en ese espacio un hotel de 50 o 60 habitaciones. Hicimos un hotel de diez habitaciones al pie del mar, en un sitio de anidación de tortugas, preservando todo el ecosistema local”, relató.


La decisión implica renunciar a una escala mayor para reducir la presión sobre un entorno sensible. También permite distinguir entre llevar turismo a un territorio que necesita actividad económica y saturar un destino cuya capacidad ambiental es limitada.


Un viajero más consciente

Las decisiones ambientales y de diseño no están separadas de la estrategia comercial. Solines considera que existe un segmento creciente de viajeros que observa con mayor atención el impacto de sus desplazamientos y valora las acciones concretas de los establecimientos.


“Son muchas decisiones que uno va tomando. Desde el punto de vista estratégico, ya estamos cosechando los frutos. El turismo al que apuntamos es cada vez más consciente y aprecia mucho más lo que estamos haciendo”, aseguró.


Para el empresario, el viajero no debe limitarse a consumir alojamiento, alimentación o experiencias. La propuesta consiste en ofrecerle alternativas para que su visita produzca un efecto positivo en el destino. Esto puede expresarse en la elección de proveedores locales, el respeto a los ecosistemas y la participación en una economía que distribuya mejor los beneficios del turismo.


Ese enfoque coincide con el principio de triple impacto de las Empresas B: generar valor económico y, al mismo tiempo, asumir responsabilidades sociales y ambientales.


La certificación evalúa prácticas en estas materias, además de compromisos de transparencia, responsabilidad y mejora continua, según la definición de Sistema B.

En el caso de Carlota, Solines señaló que la certificación no fue el punto de partida ni una estrategia creada para obtener un sello. “La certificación B simplemente fue una consecuencia de lo que nosotros ya hacíamos”, dijo.


La afirmación marca una diferencia importante frente al greenwashing o lavado verde. Una empresa puede construir un discurso ambiental sin modificar las decisiones centrales de su negocio. En cambio, cuando la sostenibilidad determina la ubicación, la escala y la operación de un proyecto, deja de ser solamente una herramienta de comunicación.

Las cifras de las empresas B en Ecuador. son compañías con fines de lucro que buscan generar un triple impacto: económico, social y ambiental. Foto: Franklin Vega
Las cifras de las empresas B en Ecuador. son compañías con fines de lucro que buscan generar un triple impacto: económico, social y ambiental. Foto: Franklin Vega

El desafío social

Aunque la dimensión ambiental suele ocupar buena parte de la conversación sobre turismo sostenible, Solines identificó el impacto social como uno de los retos más complejos para las empresas ecuatorianas. “Cuando estás en un país con tanta inequidad y falta de educación, el tema social es muy complicado de abordar. Creo que el mayor reto para nosotros, en el turismo, va por ahí”, manifestó.


El desafío incluye la relación con todos los grupos de interés: trabajadores, viajeros, proveedores y comunidades. Para Solines, no basta con ofrecer al huésped una experiencia responsable si la organización no consigue que su equipo comprenda y participe en el propósito empresarial.


En el sector turístico, añadió, existen problemas de rotación laboral y distintos niveles de compromiso. Parte de esas dificultades se relaciona, desde su perspectiva, con las brechas educativas y culturales.


“Hay muchos temas de rotación; el compromiso de la gente no siempre es alto y muchas veces no se entienden los temas de los que estamos hablando. Eso parte de un problema de educación y de cultura. El reto, en nuestro caso, está en trabajar muchísimo sobre eso”, sostuvo.


Su intervención dejó una conclusión: la sostenibilidad empresarial no se demuestra únicamente con una certificación ni con un mensaje atractivo. Se demuestra en las restricciones que una compañía acepta, en las oportunidades que decide no explotar al máximo y en su capacidad para integrar a las personas dentro del modelo.


En el turismo, ir más allá del greenwashing significa reconocer que no todos los territorios pueden crecer al mismo ritmo. Para Galápagos, la conservación exige límites. Para localidades continentales como Santa Marianita, el turismo puede representar una oportunidad, siempre que su escala responda al ecosistema y a las necesidades de la comunidad.

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