Galápagos: seis iguanas muertas, seis sin destino: el caso llega mañana ante la jueza constitucional
- Franklin Vega
- hace 5 horas
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Mañana, 27 de agosto, la Jueza Viviana Pila realizará la audiencia de seguimiento de la sentencia del 2022 en la cual dispuso la protección de las iguanas de Galápagos y el cambio de Apéndice CITES para estos reptiles. El caso llega con seis de las doce iguanas marinas muertas, que fueron incautadas a tres tailandeses en mayo pasado en Guayaquil. Cuatro resultados positivos para adenovirus sin identificación individual, inconsistencias en el informe del PNG y seis iguanas sobrevivientes cuyo destino sigue sin una respuesta técnica. Desconocemos el estado de las cuatro iguanas adicionales decomisadas frente al Aeropuerto de Guayaquil.

El futuro de las seis iguanas marinas que sobreviven en el área de cuarentena del Parque Nacional Galápagos no está resuelto. No pueden ser liberadas mientras exista el riesgo de introducir un agente infeccioso en las poblaciones silvestres de iguanas. Pero el propio Parque Nacional Galápagos (PNG) reconoce que mantenerlas indefinidamente en cautiverio tampoco es una alternativa segura: el estrés, las necesidades particulares de alimentación, termorregulación y la dificultad de reproducir su hábitat pueden deteriorar su condición y ocasionar nuevas muertes.
Las iguanas quedaron atrapadas entre dos riesgos que el Estado todavía no ha conseguido medir. El grupo formaba parte de las doce iguanas marinas decomisadas el 19 de mayo de 2026 en el aeropuerto de Guayaquil. Tres ciudadanos tailandeses habían viajado con ellas desde el Aeropuerto de Baltra y pretendían continuar hacia Europa. Como Bitácora Ambiental documentó, la alerta decisiva se produjo en Guayaquil y no en los controles de salida del archipiélago.
Dos iguanas murieron antes del retorno y diez fueron trasladadas a Santa Cruz. De estas, cuatro murieron entre junio y julio. El saldo del caso es, hasta ahora, de seis animales muertos de un grupo de doce.

Un informe que no identifica a los positivos
El informe técnico DPNG-DE-CUEM-063-2026, fechado el 13 de agosto, incorpora un dato que hasta entonces no aparecía en las necropsias conocidas: cuatro individuos dieron positivo para adenovirus. Los resultados para Mycoplasma y herpesvirus fueron negativos. El análisis genético también determinó que las iguanas proceden de Santa Cruz, lo que descarta que pertenezcan a otra población insular.
Pero el informe no identifica cuáles fueron los cuatro ejemplares positivos para adenovirus. No permite establecer si eran los cuatro animales muertos, cuatro de los sobrevivientes o una combinación de ambos grupos. La coincidencia numérica —cuatro positivos y cuatro muertos— no es una demostración causal.
El documento tampoco presenta la ficha individual de las muestras, las fechas de recolección, los resultados completos del laboratorio, los valores de amplificación, la secuenciación obtenida ni pruebas del virus en los órganos lesionados. Sin esa trazabilidad no se puede relacionar el resultado molecular de cada animal con su evolución clínica y su necropsia.
Pese a ello, el PNG afirma que las lesiones macroscópicas son consecuentes con la presencia de un virus. La conclusión, según los especialostas consultados, excede la evidencia presentada: detectar material viral en una muestra cloacal no demuestra por sí solo que ese agente produjo las lesiones o causó la muerte.
El adenovirus puede ser la causa, un factor concurrente, una infección latente o un hallazgo incidental. Para diferenciar estas posibilidades se necesita demostrar su presencia en los tejidos afectados y su asociación con lesiones microscópicas compatibles.
Catorce muestras para diez animales
El informe contiene otras inconsistencias que requieren explicación. Señala que se analizaron catorce muestras cloacales, aunque solamente diez iguanas ingresaron a la cuarentena. No especifica si hubo muestras repetidas, controles o recolecciones efectuadas en diferentes fechas.
La narración de la custodia también está incompleta. El documento registra doce ejemplares decomisados, uno muerto y once vivos, pero luego informa que diez ingresaron a la cuarentena en Santa Cruz. No explica dentro de esa secuencia qué ocurrió con el ejemplar restante.
En el anexo de pesos evidencia variaciones de peso importantes, pero el informe no describe el equipo utilizado, las condiciones de pesaje ni su relación con la alimentación e hidratación de los animales.
Estas inconsistencias pueden parecer menores por separado. En conjunto, dificultan reconstruir la historia clínica y sanitaria de cada ejemplar.

Las cuatro muertes no presentan un solo patrón
Dos médicos veterinarios consultados por Bitácora Ambiental, cuyas identidades se mantienen en reserva, revisaron los informes disponibles. Ninguno examinó directamente los cadáveres, por lo que sus observaciones constituyen evaluaciones documentales y no nuevas necropsias.
Ambos coinciden en que las descripciones macroscópicas son insuficientes para establecer una causa definitiva. También advierten que los cuatro animales no presentan un cuadro completamente uniforme.
Las iguanas 04, 03 y 10 conservaron una condición corporal relativamente buena y mostraron lesiones congestivas o hemorrágicas, principalmente en el aparato digestivo. Ese patrón es compatible con un proceso agudo y obliga a considerar, además de una infección viral, diagnósticos diferenciales como septicemia bacteriana o exposición a una sustancia tóxica.
La iguana 06 presentó un cuadro distinto: emaciación, sarcopenia, ausencia de reservas grasas y deterioro progresivo. Su peso bajó de 160 a 95 gramos antes de morir, una pérdida aproximada del 40,6 %. En este caso deben investigarse procesos crónicos como mala absorción, enteritis, parasitosis, problemas nutricionales o una enfermedad infecciosa prolongada. Aplicar una única explicación viral a los cuatro animales borra estas diferencias clínicas.

Una fuente compartida que no fue descartada
Las iguanas permanecieron en un recinto común, recibieron agua de mar transportada desde el muelle del PNG y fueron alimentadas con algas adheridas a rocas y trozos de pescado.
El pescado encontrado en el estómago de la iguana 06 no fue, por tanto, un elemento accidental: formaba parte del protocolo de alimentación. El informe no presenta la justificación científica de esa suplementación ni detalla procedencia, conservación, cantidad ofrecida o consumo individual.
La aparición de tres cuadros hemorrágicos en un periodo relativamente corto exigía investigar una posible fuente compartida: agua, alimento, rocas, sustrato, temperatura o algún contaminante del recinto.
Esto no demuestra que la cuarentena haya causado las muertes. Demuestra que las hipótesis ambientales, alimentarias, tóxicas y bacterianas permanecen abiertas porque no fueron descartadas mediante pruebas.
Las pruebas que todavía hacen falta
Los médicos veterinarios consultados consideran necesario realizar o presentar, al menos, los siguientes estudios:
Identificación de los cuatro animales positivos para adenovirus y entrega de los informes moleculares completos.
Repetición programada de las pruebas en los seis sobrevivientes, con resultados vinculados a su identificación, peso, signos clínicos y fecha de muestreo.
Histopatología de hígado, riñón, pulmón, estómago e intestinos de los animales muertos.
Pruebas moleculares en los tejidos lesionados para determinar si el adenovirus estaba presente donde ocurrió el daño.
Cultivos bacterianos de órganos, contenido intestinal y líquido celómico, cuando existan muestras conservadas adecuadamente.
Toxicología de hígado, riñón y contenido gastrointestinal.
Análisis microbiológico y toxicológico del agua, el pescado, las algas y otras fuentes compartidas.
Estudios parasitológicos en el caso de la iguana 06.
Un muestreo más amplio y representativo de iguanas silvestres de Santa Cruz.
El PNG informa que diez animales silvestres dieron negativo para adenovirus. Ese resultado es un antecedente útil para actuar con precaución, pero una muestra de diez individuos no permite concluir que el virus esté ausente de toda la población de Santa Cruz.

La cuarentena sin salida
El informe plantea una contradicción que el Estado todavía no resuelve. Liberar a los seis sobrevivientes podría introducir un agente no registrado en la población silvestre. Mantenerlos indefinidamente en cautiverio puede provocar estrés, inmunosupresión, deterioro fisiológico y nuevas muertes.
La respuesta no puede ser una decisión colectiva basada únicamente en que cuatro animales dieron positivo. Se necesita una evaluación individual que determine cuáles iguanas portan el virus, si continúan eliminándolo, si desarrollaron anticuerpos, si presentan lesiones y si el resultado persiste en el tiempo.
También debe establecerse si el adenovirus circula realmente entre las iguanas silvestres. Sin esa información no existe una base suficiente para decidir entre liberación, aislamiento prolongado o alguna alternativa de manejo permanente.
El caso llega al seguimiento de una sentencia

La situación de estas iguanas aparece ahora en el contexto de la audiencia de seguimiento de la sentencia constitucional dictada el 3 de octubre de 2022 dentro de la causa 17230-2022-13416 por la jueza Viviana Pila. La sentencia reconoció la vulneración de los derechos de la Naturaleza y del principio precautorio; y, dispuso acciones para fortalecer la protección internacional de las iguanas y tortugas de Galápagos. Ese antecedente fue incorporado por Ecuador en su propuesta oficial ante CITES.
La audiencia de seguimiento obliga a mirar más allá de los avances normativos. El traslado de especies a un régimen internacional de mayor protección no impidió que doce iguanas atravesaran los controles del Aeropuerto de Baltra ocultas en equipaje, ni evitó que la mitad del grupo terminara muerta después del decomiso.
La protección efectiva no se mide solamente por convenios, informes o cambios de apéndice. También se mide por la capacidad del Estado para impedir la extracción, preservar la vida de los animales recuperados, investigar las redes y explicar con evidencia qué ocurrió bajo su custodia.
Hoy permanecen seis iguanas vivas. No se conoce públicamente cuáles dieron positivo para adenovirus ni existe una ruta técnica transparente para decidir su destino. Su futuro sigue incierto. Y mientras faltan esas respuestas, cada día adicional de cuarentena también forma parte del riesgo que el Estado debe justificar. Siguiente entrega: ¿Pueden ser liberadas o debe considerarse una decisión irreversible? Bitácora Ambiental abordará en una segunda entrega el dilema que el informe del Parque Nacional Galápagos deja abierto: qué debe ocurrir con animales que no pueden ser liberados sin una evaluación sanitaria concluyente, pero que tampoco deberían permanecer indefinidamente en una infraestructura limitada.




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