Jaiba mora: la plaga que puede boicotear por meses la pesca
- Franklin Vega
- hace 2 días
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Actualizado: hace 18 horas

La proliferación de la jaiba mora (Euphylax dovii) frente a la costa ecuatoriana podría extenderse entre varias semanas y hasta dos meses, según las previsiones del Instituto Público de Investigación de Acuicultura y Pesca. El fenómeno, asociado a condiciones cálidas del océano, ya está afectando la operatividad y rentabilidad de la pesca artesanal e industrial, y podría repetirse con mayor frecuencia en un contexto de cambio climático.
En el litoral ecuatoriano, la preocupación de los pescadores se multiplica. Ya no se trata solo del precio del diésel, los costos de operación, la incertidumbre del mercado, las vacunas (extorsiones) o la violencia. En las últimas semanas, un factor biológico ha irrumpido con fuerza en las faenas de pesca: la proliferación masiva de la jaiba mora (Euphylax dovii).
Este crustácero fue considerado como parte de la pesca secundaria (especie acompañante en distintas pesquerías) y se transformó en un fenómeno que impacta directamente la operatividad del sector pesquero. La evidencia acumulada, tanto científica como empírica, muestra que la magnitud del problema ya no puede ser tratada como un evento aislado. Los pescadores artesanales e industriales sufren las concecuencias de la presencia masiva de la jaiba mora.

El reciente boletín técnico del Instituto Público de Investigación de Acuicultura y Pesca (IPIAP) confirma una proliferación significativa frente a las costas de Manabí y Esmeraldas, con registros que van desde aguas profundas hasta zonas cercanas a la costa. Esta expansión territorial sugiere un proceso activo de dispersión, asociado a condiciones oceanográficas que favorecen el crecimiento y reproducción de la jaiba.
El aumento de la temperatura superficial del mar, que se mantiene en rangos cercanos a los 26 y 27 grados, junto con una mayor disponibilidad de nutrientes y periodos de alta pluviosidad, ha generado un escenario propicio para la expansión de la jaiba mora. La presencia de individuos activos reproductivamente refuerza la hipótesis de que no se trata de un pico puntual, sino de un ciclo biológico en desarrollo.
En el mar, estos procesos se traducen en consecuencias inmediatas. Pescadores artesanales y tripulaciones industriales reportan redes saturadas, capturas desplazadas por la presencia masiva de jaibas y un incremento significativo en el tiempo necesario para procesar cada lance. Las artes de pesca no solo pierden eficiencia, sino que sufren daños estructurales que obligan a reparaciones constantes o incluso a su reemplazo.
El impacto económico es directo y acumulativo. Cada jornada implica mayores costos operativos y menores ingresos, en un contexto donde la rentabilidad ya se encontraba presionada por otros factores. La jaiba mora no reemplaza el valor de las especies objetivo, pero ocupa su espacio físico en las redes, reduciendo de manera efectiva la captura comercial.
Las organizaciones pesqueras comparten videos y fotos de sus faenas de pesca que reflejan con la magnitud de la situación. Imágenes de redes colapsadas por jaibas y testimonios de faenas improductivas circulan en los gupos de pescadores con frecuencia, evidenciando que el fenómeno ha escalado en cuestión de semanas. Esta dimensión social del problema es clave, porque muestra cómo un proceso ecológico se convierte rápidamente en una crisis económica local.
Sin embargo, la proliferación de la jaiba mora no puede entenderse únicamente como un problema pesquero. Su comportamiento está estrechamente vinculado a cambios en las condiciones del océano. El propio informe técnico del IPIAP señala que esta especie responde de manera positiva a anomalías térmicas, lo que la convierte en un indicador biológico de alteraciones más profundas en el ecosistema marino.
En ese sentido, lo que ocurre con la jaiba mora es también una señal de reorganización ecológica. Cambios en la temperatura, en la disponibilidad de alimento y en las dinámicas del agua están modificando la estructura de las comunidades marinas. La expansión de esta especie hacia nuevas zonas del perfil costero sugiere que estos cambios no son temporales ni localizados.
Las proyecciones a corto plazo indican que la abundancia de jaiba mora podría mantenerse durante varias semanas y hasta dos meses según la persistencia de las condiciones cálidas del mar. A mediano plazo, el panorama es aún más complejo, ya que la frecuencia de estos eventos podría incrementarse como consecuencia del calentamiento global.
Frente a este escenario, la respuesta institucional aún es limitada. No existen mecanismos claros para enfrentar este tipo de proliferaciones ni estrategias definidas para mitigar su impacto en el sector pesquero. Mientras tanto, la carga recae directamente sobre los pescadores, que deben absorber los costos de un fenómeno que escapa a su control.
La jaiba mora no es una anomalía en sí misma, es la manifestación visible de un sistema en transformación. Y en ese proceso, la pesca artesanal e industrial se convierte en el primer termómetro de los cambios que ya están ocurriendo en el océano y son quienes sufren las primeras consecuencias.
Testimonio
“Salir a pescar hoy es perder dinero: la jaiba mora y la inseguridad nos están dejando sin sustento”
Alfredo Lucas Presidente de la Asociación de Barcos Pesqueros Polivalentes del Ecuador
La presencia masiva de jaiba mora ha dejado de ser un fenómeno puntual para convertirse, en nuestra experiencia diaria, en un problema estructural que está afectando directamente nuestra operatividad. Hemos visto cómo nuestras capturas efectivas se han reducido entre un 60% y un 90%, e incluso enfrentamos jornadas completamente improductivas, donde nuestras redes se llenan de una especie sin valor comercial, generándonos pérdidas directas.
Para nosotros, el impacto económico es crítico. Sabemos que el combustible representa entre el 60% y el 70% de nuestros costos operativos, y hoy ese gasto se mantiene —e incluso aumenta— sin generar retorno. Cada salida al mar se ha convertido, en muchos casos, en una operación financieramente inviable.
A esta crisis se suma una realidad que vivimos a diario y que no puede seguir siendo ignorada: la inseguridad en el mar. Nos enfrentamos a un escenario donde la fragmentación de grupos delictivos ha derivado en cobros ilegales que nos obligan a pagar entre cinco y seis “vacunas” para poder operar en distintas zonas. Esto no solo incrementa nuestros costos, sino que limita nuestra capacidad de pesca y nos expone a un riesgo permanente.
Hoy sentimos que estamos en medio de una tormenta perfecta: caída de capturas, restricciones operativas por seguridad, aumento de costos y deterioro de nuestras artes de pesca. Todo esto pone en riesgo la sostenibilidad económica de nuestra actividad y el sustento de cientos de familias que dependen de ella.
Frente a este escenario, creemos que es urgente que el Estado ecuatoriano adopte medidas concretas y oportunas. Hemos visto cómo, a nivel internacional, países como China, Japón, Corea del Sur, Estados Unidos, España y Noruega sostienen la competitividad de sus flotas mediante subsidios focalizados, especialmente en el combustible.
Por ello, consideramos necesario evaluar e implementar un subsidio al diésel pesquero focalizado como una medida de alivio inmediato que nos permita mantener la operatividad mientras se abordan las causas estructurales de esta crisis.
Desde nuestra asociación reiteramos nuestra disposición a trabajar de manera articulada con las autoridades. Pero también hacemos un llamado firme: esta problemática requiere atención urgente y decisiones reales.
Porque, en las condiciones actuales, nosotros no podemos sostener la pesquería.












