Galápagos: ECOGAL no vio 12 iguanas marinas en las maletas; hoy sus controles llegan a juicio
Hoy continúa la audiencia contra los tres ciudadanos tailandeses procesados por intentar transportar 12 iguanas marinas desde Guayaquil hacia Ámsterdam y Tailandia. Los animales habían salido de Galápagos sin ser detectados. IEl Parque Nacional padece de falta de personal, dependencia de los operadores de rayos X de ECOGAL, escasa capacitación y protocolos incompletos. Después del caso se instalaron pantallas adicionales y se reforzaron algunos controles, pero las necesidades estructurales continúan pendientes.

Este martes 22 de septiembre continúa el juicio contra los tres ciudadanos tailandeses detenidos en el aeropuerto de Guayaquil con 12 iguanas marinas de Galápagos ocultas en sus equipajes y que provenían de Baltra, el aeropuerto que concentra el 70% del volumen de turistas que llegan a las islas.
La audiencia deberá determinar la responsabilidad penal de los procesados. Pero reducir el caso a las personas que llevaban las maletas significaría dejar fuera la parte más incómoda de la historia: las iguanas fueron capturadas en Galápagos, movilizadas dentro de las islas, llevadas al aeropuerto de Baltra y embarcadas hacia Guayaquil sin que ningún control institucional impidiera su salida.
Los animales no atravesaron un aeropuerto sin vigilancia. Los filtros estaban funcionando. Esa conclusión no pertenece a una organización ambiental ni a una denuncia periodística. Consta en las declaraciones de los funcionarios del Parque Nacional Galápagos (PNG).
Se reconoce que los puntos de control se encontraban operativos y que había personal asignado. Por eso, el Parque no habla de ausencia de control, sino de una posible “vulneración de los sistemas de detección existentes”.
Dicho de otra manera: había guardaparques, escáneres, filtros y procedimientos, pero doce animales vivos, inmovilizados dentro de equipajes, lograron atravesarlos.
El Parque dependía de ECOGAL
Existe una debilidad decisiva: el personal del PNG ya no operaba directamente las máquinas de rayos X del aeropuerto de Baltra. Los equipos estaban bajo responsabilidad de ECOGAL. Los guardaparques acompañaban los controles y atendían las novedades reportadas, pero dependían de la interpretación realizada por el operador aeroportuario; es decir, de ECOGAL.
Por tanto, si el operador no identificaba una imagen sospechosa o no solicitaba una inspección secundaria, el Parque tenía una capacidad limitada para intervenir. De la reportería previa se reconoce que los guardaparques no siempre tenían acceso operativo pleno a la sala de preembarque y otros espacios restringidos. Algunas actuaciones requerían coordinación o autorización del operador aeroportuario.
A esto se sumaba una dotación mínima: tres funcionarios para cubrir la terminal de carga, el control de equipajes y la sala de preembarque. De los guardaparques consultados se concluye que se requerían al menos cinco servidores permanentes en Baltra.
También faltaban capacitación especializada en lectura de rayos X, identificación de fauna, modalidades de ocultamiento, análisis de comportamiento, perfilamiento de riesgo e inspección secundaria.
La debilidad del Parque no libera de responsabilidad al operador aeroportuario. Al contrario: confirma que una parte determinante de la detección descansaba sobre ECOGAL.
El aeropuerto que se presentaba como ejemplo regional
Meses antes del caso, ECOGAL había utilizado su protocolo contra el tráfico de fauna como uno de los principales argumentos de su postulación al Green Airport Recognition 2025.
En el documento “Baltra Biodiversa”, el aeropuerto afirmó que había desarrollado, junto con TRAFFIC, UNODC y autoridades ecuatorianas, el primer protocolo aeroportuario de cadena de custodia contra el tráfico de vida silvestre de América Latina y el Caribe.
ECOGAL se describió como un “punto de control estratégico” y aseguró que el protocolo permitía detectar, interceptar y manejar especies involucradas en eventos de tráfico.
Sin embargo, la postulación no presentó cifras sobre animales detectados, inspecciones secundarias, simulacros, alertas generadas por rayos X o capacidad de los operadores para reconocer fauna oculta.
Los indicadores cuantitativos correspondían a reforestación, reutilización de agua y reubicación de iguanas terrestres que ingresaban a la pista. En el componente de tráfico, el resultado presentado era la existencia del protocolo, no la demostración de su eficacia.
El 19 de mayo llegó la prueba real. Las doce iguanas atravesaron Baltra y la primera alerta no fue generada por ECOGAL ni por el Parque Nacional. Según declaró durante el juicio uno de los policías que participó en la detención, fue el personal de KLM en Guayaquil el que identificó un perfil de riesgo, impidió el embarque hacia Ámsterdam y notificó a la Policía.
La audiencia debe aclarar si el protocolo de ECOGAL estaba diseñado para prevenir la salida de animales o principalmente para coordinar la respuesta y preservar evidencias después de que el tráfico ya hubiera sido descubierto.
Los cambios posteriores confirman las brechas anteriores
Según se indicó a Bitácora Ambienta, se adoptaron varias medidas después del caso de los 12 tailandeses. Se han instalación de pantallas adicionales conectadas a los equipos de rayos X. Con ellas, los guardaparques pueden observar directamente y en tiempo real las imágenes, reduciendo su dependencia exclusiva del operador de ECOGAL.
Esta corrección era necesaria, pero también confirma que el 19 de mayo esa capacidad no estaba instalada. En julio se realizó un taller de perfilamiento en Baltra con personal aeroportuario, Policía Nacional, Parque Nacional y Consejo de Gobierno. También se incrementó la presencia de guardaparques, se reforzaron patrullajes, se incorporaron cámaras trampa con transmisión en tiempo real y se gestionaron drones, GPS, equipos de comunicación y conectividad satelital.
Entre mayo y julio, el Parque reportó 181.581 controles de maletas y carga en los aeropuertos de Baltra y San Cristóbal. Pero los funcionarios del PNG advierten que contar equipajes inspeccionados no equivale a medir eficacia. Un sistema puede revisar miles de maletas y continuar fallando si carece de perfilamiento, inteligencia, inspección secundaria y personal entrenado para interpretar las imágenes. Aquí la pregunta que cabe es dónde están Jocotoco y Galápagos Conservancy, dos ONGs que tienen entre sus prioridades proteger las iguanas de Galápagos?
Las necesidades siguen siendo mayores que los cambios
para lograr un control adecuado el Parque necesita incorporar cerca de 30 funcionarios para fortalecer aeropuertos, patrullajes, control marítimo, logística y seguimiento jurídico. El costo anual fue calculado en USD 600.000
En una nota anterior enumeramos las falencias de los aeropuertos 4 aeropuertos, una misma grieta: el tráfico de iguanas obliga a auditar toda la ruta Aún están pendientes:
protocolos que delimiten las responsabilidades de ECOGAL, la DGAC y el Parque;
equipos de inspección no invasiva;
formalización de la participación de unidades caninas;
intercambio de información e inteligencia;
cobertura de rutas marítimas y zonas costeras;
investigación de las personas que capturan, acopian y entregan los animales a los viajeros.
Desconocemos si ECOGAL abrió una investigación interna, identificó al operador que revisó los equipajes, analizó las imágenes de rayos X, estableció responsabilidades o aplicó sanciones.
Tampoco se conoce públicamente si el aeropuerto realizó pruebas controladas para comprobar que sus operadores pueden reconocer animales vivos ocultos en una maleta.
Mientras esto no se establece, el 28 de agosto 32 iguanas fueron detectadas en el Aerouerto de Quito, la pasajera de nacionalidad rusa dijo que las compró por el Panecillo... Pero esas iguanas llegaron desde las islas. Aún no se determina de cuál isla proceden; no obstante, si la ruta fue aérea, hay que considerar que el 70% de tra2fico aéreo se concenta en Baltra, es decir en la terminal operada por Ecogal.
Hoy no se juzga solamente a tres pasajeros
La responsabilidad penal de los procesados deberá establecerse mediante las pruebas presentadas en el juicio. Pero la audiencia también debe ayudar a reconstruir el resto de la cadena.
¿Quién capturó las iguanas? ¿Dónde fueron mantenidas? ¿Quién ayudó a movilizarlas? ¿Qué mostraban las imágenes de rayos X? ¿Quién operaba los equipos? ¿Se activó el protocolo contra el tráfico de vida silvestre? ¿Qué investigación realizó ECOGAL? ¿Qué cambios fueron comprobados mediante auditorías y cuáles permanecen únicamente anunciados?
La ciudadanía debe seguir con atención la audiencia de hoy porque el caso no termina al identificar a quienes llevaban las maletas. Galápagos no necesita otro protocolo para exhibir en una postulación ambiental. Necesita un sistema integrado que funcione cuando una especie protegida llega a un escáner.
Las doce iguanas ya demostraron que ese sistema no existía el 19 de mayo. La justicia debe establecer ahora quiénes aprovecharon las brechas, quiénes cometieron las omisiones, quiénes debían cerrar los controles y por qué los animales solo fueron descubiertos cuando ya habían abandonado las islas.





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