• Franklin Vega

La masacre de tiburones puede tener un freno; la Asamblea tiene la palabra


Tiburones atrapados en una red de un barco cerquero. Foto: Captura de pantalla de un video de Sea Shepherd


Pocas veces al escribir me invade la alegría y el optimismo. Al redactar, trato de ser lo más objetivo que puedo, pero esta vez no. Es imposible ocultar mi alegría por la noticia que borroneo. El jueves 19 de agosto, en el Pleno de la Asamblea Nacional se tratará el “Informe para Segundo Debate del Proyecto de Ley Orgánica Reformatoria del Código Orgánico del Ambiente (COA) y del Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización”.


La emoción nace al leer la cuarta disposición transitoria que establece una veda, una prohibición temporal de un año, para la comercialización de la pesca incidental de “ejemplares, partes o derivados de toda clase de rayas, tiburones y especies protegidas, amenazadas y en peligro de extinción”. Es decir, ya no podrán comercializar tiburones ni sus aletas en el Ecuador.


Recuerdo las imágenes de los cuerpos de 200 tiburones desembarcados en solo una hora en la playa Tarqui, un sábado en Manta y me da gusto. Ya no podrán vender sus aletas en 40 dólares y los troncos en 10. También me asalta la duda si las autoridades podrán controlar esta pesca, que de incidental solo tiene el nombre.


Según Alex Hearn, un científico que estudia los tiburones desde 1999, en el Ecuador se pescan más de 200.000 escualos cada año y en el mundo 100 millones de tiburones mueren todos los años por la caza o sobrepesca en el océano, según un reporte de National Geographic.


Fotografía de la campaña que la organización Oceana desarrolló en Estados Unidos para que se prohiba la venta de aletas de tiburón.


Con esta medida, Ecuador se sumará a iniciativas como las de Estados Unidos, que el 8 de junio (en el Día Mundial de los Océanos) el Senado de ese país prohibió la comercialización de aletas de tiburón en todo su territorio, como una medida para frenar la depredación internacional de los tiburones.


Ese mismo día, al entrevistar al Ministro del Ambiente, Agua y Transición Ecológica sobre los pepinos de mar, la introducción fue precisamente la prohibición de las aletas de tiburón en Estados Unidos. La respuesta del ministro Gustavo Manrique fue que apoyaría la moratoria de pesca incidental en Ecuador, que en ese entonces dormía en la Comisión de Biodiversidad de la Asamblea Nacional.


En el mismo texto de la reforma al Código Orgánico del Ambiente se aumentan las responsabilidades para el Ministerio del Ambiente ya que se “prohíben las autorizaciones de exportación de pesca incidental por cuatro años”. Además, esa cartera de estado podrá, mediante acuerdo ministerial, extender la prohibición de la comercialización de la pesca incidental por dos años consecutivos.


Captura de Pantalla del informe presentado en 4 de mayo del 2021 por la Comisión de Biodiversidad de la Asamblea Nacional.


El objetivo de esta medida es lograr un control de la pesca “incidental” de tiburones que en la práctica, es dirigida por sus aletas. El volumen de pesca de escualos es tan alto que Ecuador es el tercer exportador mundial de aletas de tiburón, pero a la vez es el punto de origen del contrabando de aletas con un volumen incierto, solamente en Perú se decomisaron 27 toneladas de tiburones provenientes de Ecuador.


En este punto, las preguntas que mi mente formulan con el mensaje “deja de ser ingenuo” los industriales pesqueros no quieren perder una fuente de ingresos, tal como Bruno Leone, presidente de la Cámara Nacional de Pesquería, dijo en una entrevista. Entre los armadores de barcos pesqueros a la pesca incidental le llaman “la chancha” y se compone básicamente de tiburones y otros ejemplares de dorado, corvinas, entre otras. La venta de “la chancha” sirve para cubrir los gastos menores de los barcos cerqueros o atuneros.


El 29 de junio en Guayaquil, en el Día del Pescador Ecuatoriano, los directivos de la Cámara Nacional de Pesquería Bruno Leone y Rafael Trujillo ratificaron que no ven nada malo en que se capturen tiburones y que se los exporten a Europa “Si se cumplen las leyes, cuál es el delito”, acotó Trujillo (Foto de los pescadores).


La otra duda es qué pasará con el Ministerio de Producción, que es la autoridad pesquera. Qué poder tendrá el Ministerio del Ambiente para hacer cumplir la Ley si en la práctica es el Viceministerio de Acuacultura y Pesca (del Ministerio de Producción), con la Subsecretaría de Recursos Pesqueros las entidades encargadas de velar por una pesca responsable. Las autoridades de esta poderosa dependencia están a cargo de revertir la tarjeta amarilla que la Unión Europea dio al Ecuador por no controlar la cadena de valor de la pesca ilegal.


Por el momento, hay que esperar hasta el jueves. Ver como se desarrolla la votación y pedir a los asambleístas que voten pensando en que los tiburones no son recursos pesqueros, son vida silvestre. Como dicen en la película Buscando a Nemo, los peces (tiburones) son amigos, no comida. O como lo resalta el investigador Randal Arauz, “Porqué vemos bien el comer tiburones y mal el pensar en hacer lo mismo con los jagurares. Los dos animales son predadores y son indispensables para mantener el equilibro en los ecosistemas”.


El razonamiento de Arauz, me retumba más en la cabeza al leer el reporte de la revista Nature sobre el declive global de rayas y tiburones. "Se necesitan urgentemente prohibiciones estrictas y límites de capturas de precaución basados en la ciencia para evitar el colapso de la población, evitar la interrupción de las funciones ecológicas y promover la recuperación de especies."


“Desde 1970, la abundancia global de tiburones y rayas oceánicas ha disminuido en un 71 % debido a un aumento de 18 veces en la presión pesquera relativa”. Revista Nature

En Ecuador también se ha incrementado la pesca. Un ejemplo, los barcos cerqueros pasaron de 60 en 1990 a 115 en el 2021, más 15 naves internacionales que pescan en aguas ecuatorianas con autorización del gobierno.


Pero como dice el cura Espinoza de los Monteros en una de sus bromas “cuando uno está de suerte, está de suerte”. El premio adicional es la Quinta disposición transitoria que le da un plazo de ocho meses al Servicio Nacional de Aduanas del Ecuador para que entregue al Ministerio del Ambiente un “estudio pormenorizado de la descripción de mercancía catalogada como pescado seco o congelado, al igual que todo producto de especies de tiburón que haya sido autorizado para exportación”.


Al leer eso mi corazón da un salto de gusto. ¿Será que por fin se transparentará las cifras de las exportaciones de aletas disfrazadas de pescado seco? Tal como ocurrió con el mayor cargamento de aletas decomisadas en Hong Kong, las 26 toneladas en mayo del 2020 y que hasta ahora no se sancionan; solo con una pírrica multa de 3.860 dólares.


Más alegría al seguir leyendo, la información sobre las exportaciones debe entregarse “con los detalles del tipo de especie capturada, la procedencia de la embarcación, las guías de movilización de pesca incidental, fechas y responsables desde el año 2004 hasta el año 2020”. Aplaudo con gusto, solo que piden a la Aduana, cuando el responsable de esos documentos es el Ministerio de Producción y precisamente la trazabilidad de la pesca es uno de los misterios gozosos de la industria pesquera ecuatoriana.


Si la moratoria pasa tal como está planteada, tendría sentido el certificado positivo que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) dio, el 12 de agosto, al Ecuador por “por tomar medidas para remediar las actividades de pesca ilegal en el Ecuador” y que el Ministerio de Producción resaltó con un boletín de prensa.


Como dicen mis hijos pequeños: “No lo sé Rick, parece falso”, porque lo propuesto es lo que debe hacerse y desde 1998 que escribo sobre tiburones, veo un avance y publico una nota con esperanza para los tiburones, los frágiles depredadores marinos. No dejo que el pesimismo regrese, ya han pasado 22 años, sabemos como sociedad que hay que parar la sobrepesca.


De la ciudadanía a pie -que ya no comemos atún por la muerte de tiburones y delfines asociadas a esta pesca- depende que pidamos a los asambleístas que la masacre de tiburones tenga un freno definitivo.

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